sábado, 7 de febrero de 2026

El fusilamiento del teniente Rogelio Godoy

Esta es la historia del teniente Rogelio Godoy que en una acalorada discusión con sus camaradas y en un ataque de furia tomó su fusil y le quitó la vida a sus compañeros. Un tribunal militar lo encontró culpable y lo condenaron con la pena capital.

Cuando el Tte. Godoy observó a los soldados a punto de dispararle vio que los ojos de la muerte le miraban desde todos los ángulos. Estaba acorralado. En realidad, desde el segundo fatal en que disparó los tres tiros mortales, con sus propios dedos accionando el gatillo de su Máuser, se había estado cavando su propia tumba.

Para el Teniente ROGELIO GODOY, de 25 años floridos, la punta del hilo de esta historia había comenzado a desmadejarse el 6 de junio de 1913 en Concepción. Ese día era el cumpleaños de uno de sus camaradas. La chispa que encendió la mecha de la tragedia fue un arresto que el Mayor ALFREDO MEDINA había ordenado para el Teniente Godoy luego de la fiesta por una inconducta.

Godoy, bajo los efectos del alcohol, se alzó contra la orden y se ubicó en la ventana de su cuarto empezando a disparar contra los que aparecían como blancos propicios. Mató al Mayor Medina primero, luego al teniente CIPRIANO FARIÑA ROJAS y finalmente a QUINTÍN MORÍNIGO -alférez según algunos; también teniente, o sub-teniente, según otros-. Estando borracho, no deja de ser llamativa la certera puntería del victimario.

El pueblo de Concepción se alarmó y llegó hasta el cuartel. El Teniente CARLOS J. FERNÁNDEZ intervino decididamente y Godoy depuso su rebeldía. Sin esperar, lo enviaron a Asunción donde un Consejo de Guerra presidido por el Teniente Coronel ADOLFO CHIRIFE, luego de 9 meses, lo condenó a la pena máxima, por fusilamiento.

Dos compuestos relatan estos hechos. El autor de uno de ellos - el más extenso y detallado-, es del poeta y músico JUAN MANUEL CABALLERO, más conocido como Caballero'i, natural de Mbajue, Limpio. El otro, aunque más breve, no omite los hechos esenciales. Su autor es anónimo.

El archivo de TEÓFILO JAVIER MEDINA, concepcionero, sobrino del asesinado Mayor ALFREDO MEDINA, permitió reconstruir con precisión los últimos momentos del militar que, sin pretender justificarse, atribuyó su desgracia a la bebida -nunca, sin embargo, antes había bebido-, y consideró que su destino lo llevó a ese trance irreversible.

Todos los intentos de obtener un indulto habían fracasado. El presidente EDUARDO SCHAERER se mantuvo firme. Godoy sabía que debía enfrentar un pelotón de fusilamiento. Los dos compuestos resaltan su coraje y su serenidad. Lo mismo hacía la crónica de Rojo y Azul –un periódico de la época-, cuyos redactores -entre ellos su director RUFINO A. VILLALBA, además de periodista y político, poeta-, acompañaron las últimas 24 horas del que estaba próximo a morir.

Godoy se confesó con el padre LUCIANO CESTAC, del Colegio San José; recibió a TEÓFILO MEDINA -hermano del Mayor ALFREDO MEDINA-, quien le comunicó el perdón de la familia y evitó, en dos oportunidades, que su madre se suicidara delante de él. El pueblo entró al cuartel donde está recluido y engrillado para despedirse de él.

Tras degradársele, a las cinco de la mañana del 18 de marzo de 1914, lo condujeron junto al río, detrás de lo que hoy sería la sede del Congreso Nacional. Cuando le iban a vendar los ojos, pidió mantener sin vendas la mirada. El público contuvo la respiración en ese dramático trance. El condenado quería mirarle de frente a la muerte hasta el último instante de su vida. Acto seguido, él mismo ordenó al pelotón que disparara contra su humanidad. No le hicieron caso. Y cuando el jefe de los fusileros dio la orden, repitió con él cada una de sus palabras, acatadas esta vez.

LUISA BAREIRO, su madre, ahogada en llanto, ante el cadáver de su hijo, maldijo a Chirife y le auguró una muerte de perro. Años después, tras su derrota en la guerra civil de 1922-23, en los montes del Alto Paraná, el augurio de aquella mujer destrozada se cumplía, asegura la tradición oral.

Mientras tanto, Teófilo y Lorenzo -hermanos del Mayor Medina-, también revolucionarios derrotados, en su exilio de Campanario (Brasil), se encontraron en el obraje con un hermano de ROGELIO GODOY, administrador del lugar.

La tensión se disipó cuando los tres dialogaron y se mostraron convencidos de que sus hermanos no volverían jamás a la vida con más sangre derramada. Y trabajaron juntos, en paz, lejos de la venganza.


Fuente: Teófilo Javier Medina

ÁNGEL FLORENTÍN PEÑA

Nació en Concepción en 1898 y realizó sus estudios primarios y secundarios en esa ciudad. Posteriormente se trasladaría a Asunción a cursar sus estudios de leyes. Pero antes tendría destacada actuación en el Segundo Departamento Electoral, especialmente en el distrito republicano de Concepción, donde fue electo presidente en la asamblea del 16 de marzo de 1924, correspondiéndole el segundo turno, en tanto en el primer turno se desempeñó otro gran caudillo concepcionero, Carlos Miranda, y en el tercero a Vicente Urbieta Peña, pariente suyo, siendo el más joven de los tres. Previo a esto ya había ocupado la comisión directiva como miembro, realizando permanentemente giras electorales por los otros distritos republicanos de su departamento.


En la dura y azarosa llanura contribuyó enormemente a sostener el ideal republicano, y siempre estuvo dispuesto a la defensa de los intereses de los desprotegidos. Como miembro de la Comisión Central partidaria integró delegaciones junto a Manuel Frutos (p), y Hermenegildo Olmedo; Domingo Montanaro, Guillermo Enciso Velloso, Manuel Talavera y otros prominentes promotores y defensores del coloradismo perseguido, reorganizando a las bases, e instándoles a perseverar en el ideal republicano. En ese tiempo no era fácil realizar las giras por el interior del país, éstas duraban semanas y hasta meses en algunos casos, y sobrellevando siempre el temor de alguna bárbara represalia ejecutada por los mandones de turno en sus familias. Pero él, como los demás, estaban hechos de una manera distinta, noble, altruista, apegado al honor y al amor de una santa causa republicana.

Asunción en 1924

Hombre de vasta cultura, sus escritos reflejaban su espíritu, estricto, claro y rotundo; enemigo de la doblez y la picardía malévola; en sus actuaciones políticas transparenciaba sus conocimientos, su habilidad, su tesón, y, por sobre todo: sus principios republicanos. Fue varias veces miembro de la Junta de Gobierno, llegando a ser su Vicepresidente 3° en el periodo 56/58, así como presidente de su Convención (1948). Conocer de su talento, y de su origen, Federico Chávez, cuando asumió, en 1950 lo designó Ministro de Agricultura.

Decía el Dr. Ángel Florentín Peña, en un artículo publicado en la "Guía de la A.N.R.", en junio de 1951: "Cuando se habla de política, para mucha gente es hablar de "los políticos". Vale decir, de los que convierten a aquélla en un instrumento a satisfacer apetitos personales, así sea el intelectual, pseudo intelectual o caudillo lugareño, que buscan sacar el máximo provecho de la posición más o menos privilegiada que ocupan. Esto, que constituye la adulteración de la política, es la politiquería, que es la escoria, de los desechos, la parte detestable en que aquella se convierte por una conducta inmoral. No debemos, pues, ser demasiados severos con los que por un error conceptual sienten horror por la política. Pero, así también, como una manera de reivindicar su verdadero sentido, se nos impone como un deber buscar la forma de librar o, por lo menos, aliviar a la sociedad de la influencia de los profesionales de esa adulteración conceptual. El rol de la Universidad nos parece muy principal en este asunto..."

Fuente: PortalGuarani.com