Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Entrevistas. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de mayo de 2020

Resaltan a músico concepcionero en página correntina

ISMAEL REINERIO ECHAGÜE INSFRÁN es escritor y compositor, nació en Concepción República del Paraguay el 17 de Junio de 1962. Hijo de Elvio José Venancio Echagüe Alvarenga y Elida Insfrán Rodas. Es el quinto de siete hermanos (todos varones)


A los 13 años (1975 ) estudió guitarra básica popular con Francisco Servin e ingresó como alumno de la Banda de música "Pai Pérez" del Instituto "San José" de los Padres Salesianos de su ciudad natal. 

Conoció al maestro Efrén "Cambai" Echeverria de quién, el mismo año, se hizo alumno y estudió con el mismo 44 años. Hoy, Ismael Reinerio Echagüe Insfrán, se ha convertido en uno de los discípulos renombrado del más grande guitarrista (solista) del Paraguay, Efrén "Cambaí" Echeverría.

Ismael sigue perfeccionándose.

Entre sus obras se destacan; Loreto, A Diego García, Alma y Sentimiento, Guitarra me traes nostalgia, Belén de los Maya, A quien calce alcanza, Para Don Guido Planas, Matrero querido, A un barrio de Concepción, Portare bien Nicolás, Curuzú de Hierro, El reencuentro. Las mencionadas composiciones pertenecen en letra y música.


Para leer la entrevista a Ismael Echagüe ingrese en el siguiente enlace: https://www.momarandu.com/amanoticias.php?a=3&b=0&c=171131 LA GUITARRA NORTEÑA DEL PARAGUAY CON MOMARANDU.COM

El músico paraguayo Ismael Reinerio Echagüe Insfrán nos acerca en esta cuarentena la bella guarania, Despertar!, cuya autoría pertenece a Maneco Galeano.




Publicado por momarandu Corrientes

domingo, 8 de diciembre de 2019

Las abuelas que revitalizan la lengua guaná para preservar la identidad de su pueblo

Son cuatro abuelas de la comunidad indígena Río Apa del pueblo Guaná, distrito de San Lázaro, Concepción. Estas mujeres y los miembros de la comunidad superaron las dificultades y articularon acciones para evitar que la lengua caiga en el olvido ante el peligro inminente de extinción.


Esta comunidad está compuesta por 120 personas y se encuentra a siete kilómetros de la planta cementera de Vallemí. La historia de este pueblo se pierde en el tiempo. Sus originarios provienen de la zona del Chaco (Puerto Sastre) y hace 40 años están asentados en el Departamento de Concepción.

La lengua guaná es hablada solamente por estas cuatro abuelas: Lucía Martínez, Vicenta Sánchez, Azucena Portillo y Modesta Sosa. Sin ellas, muere una forma de ver el mundo desde la cultura y realidad de este pueblo indígena.

Hace cinco años nació la idea de enseñar a los niños, jóvenes, mujeres y varones para revitalizar esta tradición que se fue perdiendo con el paso del tiempo, el contacto con el idioma guaraní y la diáspora que obligó al pueblo a abandonar sus tierras en la Región Occidental.

La tarea no fue fácil, pero se encaminó con la acción de la Secretaría de Políticas Lingüísticas y el apoyo del cacique Miguel Cuellar. Se fortaleció la idea de preservar y fomentar la identidad de esta familia lingüística de los Maskoy. En Paraguay hay 19 etnias y cada una tiene su propio idioma. Hoy la cita con las abuelas forma parte de la rutina de esta comunidad.

Los sábados se hacen los encuentros con los niños y jóvenes (en horas de la mañana). Luego con las mujeres. Los domingos se repite con los varones. Una escuela abierta donde las vivencias y el encuentro ayudan a recuperar la memoria del pueblo.

Dramatizar la vida cotidiana como estrategia

Ramón Barboza, de la Dirección General de Documentación y Promoción de la Lengua Guaraní (Secretaría de Políticas Lingüísticas), es uno de los colaboradores que acompaña el proceso de esta comunidad. Rescata que al inicio avanzaron principalmente con los niños y jóvenes que fueron aprendiendo algunas palabras sueltas como los nombres de animales, los cubiertos así como el saludo.

Para motivar más a la comunidad, sumaron algunos cantos infantiles que fueron estructurando al traducir algunas palabras del guaraní. Lo sorprendente es que la idea de dramatizar algunas escenas de la cotidianeidad de ellos tuvo una aceptación principalmente en los jóvenes y mujeres.

“Se trató de dramatizar la vida cotidiana de ellos en su idioma. Funcionó. Aprendieron más rápido cuando ensayaban porque todos vienen a mirar, repiten las palabras y así van memorizando la lengua entre todos los miembros de la comunidad. Les gusta a los niños, a los jóvenes. Y muchos se prestaron para la actuación. Sin miedo y temor", afirmó Barboza.

"Superaron la timidez para actuar”, agregó. Hoy en las conversaciones mezclan el guaraní con el guaná. El desafío ahora es formular oraciones para que puedan decir completamente en la lengua originaria.

Una actividad que ayudó a levantar la autoestima de la comunidad fue un conversatorio que se realizó en el 2017 en la Gobernación de Concepción. Allí analizaron el impacto y la importancia de conservar la lengua. Esto motivó a que sigan trabajando y abriendo camino.

Para el líder cacique hubo avances significativos y desafíos para seguir trabajando por conservar la lengua. Es consciente de las limitaciones que pueden surgir el entorno.

“Hicimos una reunión con las abuelas y siempre pensamos cómo recuperar nuestro idioma. Entendemos lo que dicen, pero no podemos hablar. Hay que recuperarla, ya nadie habla. Que va pasar cuando todas mueran”, significó.

Además de la lengua, las abuelas enseñan a los jóvenes algunos trabajos de artesanía para hacer pantallas, sombreros, canastos diferentes, el kyha de caraguata.


Documentación

La idea de recuperar la lengua guaná se conjugó con el trabajo del lingüista estadounidense Shaw Nicholas Gynam, luego de que se haya logrado un acuerdo de trabajo con la Secretaría de Políticas Lingüísticas para iniciar un proceso de documentación de la lengua.

El trabajo consiste en el diseño de recomendaciones para la grabación, caracterización del alfabeto guaná y más adelante de un diccionario del idioma que será utilizado para la alfabetización del pueblo.

Ante algunas dificultades que se presentaron, más adelante contactaron con otro lingüista alemán que vive hace 30 años en el Chaco y está casado con una mujer nativa. Conoce a fondo la lengua, hasta conversa con las abuelas. Hizo un trabajo de investigación con algunas publicaciones. Están trabajando y dando forma.

Si todo avanza, para el 2020 podrán presentar el diccionario que estará en cuatro idiomas: el guaraní, el guaná, el castellano y el inglés.

Una acción que servirá para afianzar el trabajo es que el próximo año se implementará en la educación indígena, en cada escuela de cada una de las comunidades, el que puedan dedicar media hora para conversación entre docentes y alumnos. La pérdida de la lengua no solamente se da con el guaná, sino también en otras comunidades.

La Diáspora

Los originarios del pueblo Guaná vivían en la zona del Chaco, específicamente en Puerto Sastre, departamento de Alto Paraguay. Las grandes empresas tanineras compraron todas las tierras para la instalación de fábricas cuando se vendieron todas las tierras públicas en la década de los 70.

Fueron obligados prácticamente a trabajar con los paraguayos en las tanineras, los quebrachales y en el arado con bueyes.

Comenzaron a aprender a utilizar el guaraní debido al contacto con los trabajadores. De a poco fueron perdiendo su lengua. En 1962, Puerto Sastre se vende con unas 330.000 hectáreas a una empresa italiana y ellos son expulsados de sus tierras.

Comienza la diáspora del pueblo Guaná. Primero se ubicaron en un puerto, en un lugar llamado Cerrito. Un tiempo subsistieron con víveres gracias a la ayuda de los religiosos. Lograban trasladarse hasta una estancia de la familia Casado, y cruzaban a Vallemí en canoa para hacer changas (lavar ropas, barrer y los hombres limpiaban patios).

Pasaron algunos años así hasta que se empezaron a instalar en los alrededores de la cementera. Hacían ranchos de cartón y tambor para su techo. De a poco se fueron quedando en el lugar, ante el peligro de cruzar diariamente el río. Luego, se dispersaron.

Algunos fueron nuevamente al Chaco para trabajar con los menonitas y otros fueron a Asunción. Los integrantes de esta comunidad asentados cerca del río Apá actualmente se dedican a vender hierbas medicinales y escobas de karanday.

Cuentan con una huerta de proyecto Proders y producen tomate y locote en Vallemí. Algunas mujeres trabajan de empleadas domésticas; mientras que los varones, algunos tienen trabajo en el INC en forma temporal. Luego van a las estancias para hacer limpiezas y cuidar el alambrado.

Publicado en UH - Por Roberto Santander

martes, 2 de agosto de 2016

Concepción: La opulencia, marginación y esperanzas

CONCEPCIÓN.- La ciudad de Concepción tiene una rica historia que en la actualidad se convierte en esperanza de sus habitantes.

El deseo es salir de la postergación, aunque las dificultades se suman cada día. La ciudad, fundada por el Cnel. español Agustín Fernando de Pinedo en 1773, vivió su época de la opulencia entre 1890 y 1926, mediante las exportaciones e importaciones a países europeos. 



Según don Teófilo Medina, director de cultura de la Municipalidad, el puerto fue escenario de grandes transacciones con inmigrantes italianos que dejaron su influencia en los mejores edificios de la ciudad. Explicó que los italianos traían materiales de construcción de primera calidad y llevaban yerba, madera y carne salada. Sin embargo, dijo que factores externos cooperaron para la decadencia económica. 

“La recesión económica de los EEUU repercutió en lo nuestro, luego la revolución de 1922 a 1923 marcó el retroceso económico de la ciudad”, explicó Medina. Luego de la Revolución del 47 Concepción quedó postergada, especialmente durante el gobierno de Alfredo Stroessner. 

El 17 de noviembre de 1963, autoridades y comerciantes se aventuraron a tomar el hostil Chaco para llegar hasta el Palacio de López junto al dictador y solicitarle caminos por el Chaco. Antonio Maldonado, fotógrafo de la época, recuerda que Stroessner les dijo que “su gobierno ya tiene trazado su plan vial para los próximos 10 años y que si tenemos paciencia en ese lapso se considerará el pedido”. 

El Gobierno cumplió con su promesa, ya que después de 10 años abrió la ruta Pozo Colorado-Concepción. En la década de los 80, el Gobierno construyó el puente sobre el río Paraguay, pero no asfaltó la ruta, es así que los concepcioneros quedaron con el estigma de una ciudad con puente, pero sin ruta.

UH (Por Justiniano Riveros)

domingo, 17 de julio de 2016

Gonzaga Garcete rompió comprometedor informe que le presentó capitán Piñánez

El general Herminio Piñánez, padre del capitán Enrique Piñánez, fallecido en extrañas circunstancias en Cuero Fresco, Concepción, sostuvo que a casi dos años del hecho, autoridades militares no informaron sobre la muerte de su hijo. Dijo que Gonzaga Garcete eliminó un informe clave que denunció el desaparecido y, según el padre, hay temor de que se sepa más sobre bomba electrónica que FTC mandó preparar al capitán.



–¿Qué fue lo que pasó con su hijo?

–Él se sintió observado por la amenaza que le hizo el comisario Antonio Gamarra al enterarse de que mi hijo le comentó al fiscal Joel Cazal durante un almuerzo en su casa sobre toda la corrupción en la FTC y que en su ausencia sacaron de su ropero las bombas que encontró en el lugar donde murió el comisario Manuel Escurra.



Capitán de Ingeniería Enrique Daniel
Piñánez Ciancio, quien falleció el 26 de
noviembre del 2014 en Horqueta.
A partir de ahí, Gamarra le amenazó que si vuelve a pisar Concepción será hombre muerto. Entonces vino unos días y se volvió a presentar el 18 de noviembre. Fue recibido otra vez de forma grotesca y con amenazas. Su jefe Restituto González le dijo frente a todos los personales, “yo no le quiero ver a usted, desaparezca de mi vista”. Luego unos camaradas le dijeron: Hoy tenés que desaparecer de ahí, porque esta gente te va a matar y entonces preparó todas sus cosas y a media noche salió y estuvo tres días en la casa de su hermana.

–¿Qué hicieron sus jefes?

–Mandaron un informe al comandante del Ejército Gonzaga Garcete acusándolo de deserción. Garcete le ordenó para que redacte un informe completo que después le entregó y eso fue lo que rompió en su cara.

Le dijo: “Eso es muy comprometedor tanto para usted como para mí” y rompió. Prepare otro, donde ya no dijo nada porque él ya sabía. Ese fue el comienzo de su problema.

–¿Cómo fue que volvió a Concepción?

–Y en agosto del 2014 por ahí fue que hubo cambio allá. Dijo que se iba de particular, con Héctor Grau y Ramón Benítez, comandante de la FTC. Su ida fue en forma irregular porque no hubo orden para ir allá, pero hay normas que siempre se cumplen en las unidades militares. Yo, comandante, no puedo disponer por mi mismo la comisión de un personal calificado sin autorización del que está más arriba.

–¿Para qué se fue?

–A su esposa le dijo que se iba a pedido del general Benítez para preparar una bomba a ser detonada a control remoto. Esta bomba se va a meter con un paquete de explosivos en el campamento de los delincuentes y a ser explotada entre ellos (ACA). Totalmente ilegal y penado por leyes internacionales y que hasta ahora sigue la incógnita de quién detonó.

–¿Qué teoría maneja usted?

–Ellos no estaban haciendo patrullaje. El capitán y el suboficial José González estuvieron desde las 13:30 en esa comisaría de Cuero Fresco, que queda a 400 metros del lugar donde ocurrió el hecho. Les dejaron ahí y después se fueron a retirarle a las ocho menos cinco, y ahí ocurrió.

–¿Qué explicaciones le dieron?

–A mí hasta ahora nadie me dio ningún informe oficial. En marzo de 2015 como no había ninguna novedad al respecto me comuniqué con el ayudante personal de Gonzaga Garcete y le dije si me podía fijar una audiencia y me dijo, en seguida le devuelvo la llamada. Nunca recibí esa llamada.

Como no recibí la devolución de esa llamada, me fui al Comando en Jefe. Entregué la nota directamente al Presidente de la República y llamativamente desde el día siguiente comenzó la movida de toda esa gente que tuvieron participación en esa operación. Eso me llamó la atención.

–¿Qué le dijo el Presidente de la República?

–A consecuencia de la publicación de la denuncia que hice a través de ABC, yo creo que para tratar de calmarme, escuché que se dijo eso, el Presidente de la República me hizo invitar para recibirme. Me fui, y me dijo: ¿Acaso a su hijo no le explicaron lo que pasó? Y yo tenía cierta pregunta que quería hacerle, pero por respeto no hice, quería preguntarle la versión oficial que él recibió. Esa versión es la que yo quiero saber.

Yo le pregunté esa vez al Presidente si sabía lo de la bomba a control y me dijo: ¿Usted piensa que yo voy a hacer esas cosas?, comento no más porque todos sabían de esa operación.

–¿La Corte Militar está investigando el caso?

–La Corte Militar me respondió por nota que no está en su jurisdicción abrir un sumario sobre el caso; sin embargo, es un hecho que ocurrió en servicio.

–¿Cómo avanza la Fiscalía?

–La Fiscalía viene a ser como una tormenta que llega con mucha fuerza y después se va disipando, hasta desaparecer.

Muchas dudas

El 26 de noviembre del 2014 en Cuero Fresco, Horqueta, una explosión en horas de la noche costó la vida del capitán de Ingeniería Enrique Piñánez Ciancio y la del suboficial José González Ferreira. Mientras que el agente especial de la Secretaría Nacional Antidrogas (Senad) Juan Manuel Jara sufrió severas lesiones auditivas y un cuarto supuesto agente encubierto solo tuvo heridas puntiformes leves, según los informes oficiales.

La versión no termina de convencer al general Piñánez. El militar retirado dijo: “Hay cosas que no cierran, no descarto que haya podido ser un accidente, pero que me den una explicación lógica, cómo pasaron las cosas”.

Publicado por ABC Color

viernes, 13 de febrero de 2015

Héroe que salvó a 25 pasajeros del “Myriam Adela” relata su hazaña

El pasado 10 de febrero se cumplieron 37 años del hundimiento de la embarcación “Myriam Adela” en aguas del río Paraguay y don Eligio González Aponte (79), quien rescató a unas 25 personas, hoy vive en la precariedad, ciego y con los achaques propios de la edad. El héroe de ese naufragio, considerado como el más importante del país, relata su hazaña heroica de aquel día.

CONCEPCIÓN . La embarcación Myriam Adela partió de Asunción el 9 de febrero de 1978 y tenía como destino el Puerto de Vallemí. La última parada que realizó el barco antes de ir a pique por el fuerte viento fue en el Puerto de Concepción, donde muchas personas abordaron.

El “Myriam Adela” no solo era utilizado para el transporte de pasajeros, sino también de importantes cargas. Según reportes periodísticos de la época, la embarcación llevaba 7 toneladas de hierro y varillas para Vallemí.

A Eligio González Aponte (79) lo encontramos en la casa ubicada en el barrio San Antonio de Concepción, donde vive en medio de precariedades con una de sus hijas y su yerno. Recordó aquella tarde fatídica ocurrida en el río Paraguay.

Dijo que en esa época trabajaba en una estancia ubicada en las cercanías de Puerto Kemmerich y su patrón le comunicó por radio que la embarcación “Myrian Adela” llevaba una encomienda para la hacienda.

El puerto donde habitualmente quedaba el barco estaba ubicado aguas arriba del inmueble ganadero, lugar hasta donde se fue en una canoa para esperar la encomienda.

Aquella era una jornada normal sin presagios de lluvia y menos de tormenta comentó. Era cerca de las 19:10 cuando observó el “Myriam Adela” a unos 1.000 metros de donde estaba; a esa distancia generalmente cuando traía encomienda ya hacía sonar una bocina y esa vez no lo hizo.

Se produjo un aguacero y después de unos minutos un fuerte viento, que apenas duró unos segundos, que hizo volar el techo de una construcción cercana de donde estaba, recordó.

La magnitud del viento le obligó a caminar hasta donde estaba su canoa, que había dejado no muy bien amarrada en la barranca cercana. Al llegar al sitio escuchó pedidos de auxilio.

Cuando miró hacia el barco vio a muchas personas que intentaban salvar sus vidas y sin dudar remó, a pesar de que las olas alcanzaban aproximadamente un metro. A unos 50 metros de la costa encontró a un hombre nadando y fue el primero en subir a la canoa, que tenía seis metros.

Eran muchas las que pedían auxilio, pero don Eligio se acercaba a quienes veía en peores condiciones.

La escena era espantosa, comentó. Se veían personas por todos lados; el viento los había arrojado del barco en distintas direcciones.

Alzó en la canoa a unas 13 personas y ya no pudo rescatar a otras que pedían socorro. Cuando volvió, salvó a otras 12 personas, entre hombres y mujeres.

Unas 60 personas murieron, otras 30 desaparecieron y cerca de 50 fueron las que lograron sobrevivir.

ABC

lunes, 6 de octubre de 2014

Excombatiente festejó su 102 cumpleaños

  • CONCEPCIÓN.- El único excombatiente de la Guerra del Chaco sobreviviente de la comunidad de Villa María Auxiliadora, Concepción, festejó recientemente sus 102 años de vida.

Se trata de don Ruperto Rivarola que había nacido el 12 de septiembre de 1912 en Cañada La Paz, distrito de Loreto. Sin embargo, tras concluir la guerra, se radicó en Villa María Auxiliadora, distrito de Concepción, donde vive actualmente.

El veterano comentó los difíciles momentos que pasaron durante la contienda, principalmente por la escasez de agua y alimentos. “Cada dos días llegaban el agua y los alimentos, los bolivianos atajaban todo”, dijo.

Explicó que lo más complicado fue cuando cayó como prisionero meses antes de concluir la guerra. “Me llevaron directo a La Paz, pero por suerte fueron solamente unos 3 meses y luego ya se produjo el intercambio de prisioneros”, comentó.

Don Ruperto se muestra aún con mucha fortaleza, tiene buena visión, habla y escucha bien. Sin embargo, el único problema es que no puede caminar por un problema de hernia discal. Sin embargo, uno de sus nietos lo cuida además de uno de sus hijos.

Es el único veterano sobreviviente en la comunidad de María Auxiliadora.

Don Ruperto tuvo 13 hijos de los cuales aún viven 9 y una desaparecida. Tiene más de 100 nietos, bisnietos y tataranietos. La hija desaparecida hace 22 años es Petrona Rivarola.

Fuente: UH

domingo, 17 de agosto de 2014

Pabla Thomen: El triunfo de la audacia

  • La exmodelo concepcionera entró en el mundo de la publicidad en el 2005 por una casualidad. Desde entonces ha recorrido un largo camino en su carrera artística. Hoy, Pabla Thomen es conductora de dos programas de televisión.
Con puntualidad inglesa, la conductora llega a nuestra cita para la sesión de fotos. Un parque poblado de frondosos árboles es el escenario perfecto para mostrar su belleza. Espontaneidad y simpatía se conjugan en Pabla Thomen. Terminada la sesión, nos sentamos a charlar. Es fácil hablar con ella. “¿Por dónde comenzamos?”, pregunta. “De tus inicios”, respondemos.

Con su peculiar estilo comienza a narrarnos que a fines de 1998, poco antes de culminar la secundaria, se inscribió en el concurso Miss Concepción, atraída por uno de los principales premios: una beca universitaria completa en Asunción. “Soñaba con estudiar en una facultad privada”, rememora. Fue electa y, con el título de la más linda de Concepción, se animó y participó en marzo del 99 del certamen Miss Paraguay. Esta vez no obtuvo ningún puesto, pero se instaló en Asunción y comenzó la carrera de Ingeniera en Marketing y Publicidad.
En esa época su único objetivo era recibirse, ejercer y quedarse en Asunción. Pero el destino dijo otra cosa y la oportunidad se presentó en la calle mientras esperaba el ómnibus. Los representantes de una agencia publicitaria la vieron y le propusieron el trabajo. "Acababa de terminar mi carrera. Era verano y estaba de vacaciones, entonces decidí aprovechar y hacer promociones".

La diosa fortuna le dio un empujoncito: cuando la vieron en bikini en la playa, la contrataron para la publicidad de una cerveza, en la que solo se veía el sur de su espalda. "A partir de entonces, de la noche a la mañana, me hice famosa", revela. En la tapa de un periódico local buscaban a la dueña del resto del cuerpo, y comenzaron a llover propuestas de trabajo en tevé, teatro. Ante la avalancha de oportunidades, Pabla decidió aprovechar el golpe de suerte. "Voy a explorar este mundo", cuenta que resolvió.

Nacida en Concepción, Pabla Thomen es la cuarta de los siete hijos de Adolfo —militar retirado— y María Concepción. En su casa, la disciplina era férrea, especialmente por parte de su madre. Era muy estricta en cuanto a ir a fiestas o tener novio. Pero cuando la joven vino a Asunción a usufructuar su beca, no tuvo más remedio que aceptar que su nena ya había crecido. Y tenía una pareja, que quería verla brillar. La instó a inscribirse a todos los concursos: Miss Bikini Open, Miss Fitness, entre otros. Así, poco a poco, Pabla fue armando su carrera.

De sus inicios en tevé con Carlos Martini, Pabla refiere que no le fue bien debido a su falta de experiencia. “Yo me sentía verde para estar al lado de gente de tanta trayectoria”. Luego vinieron las propuestas para hacer teatro de revistas. “‘¡Guau!’, dije, ya que jamás en la vida se me había ocurrido subir a un escenario”. Con disciplina, Pabla aprendía todas las coreografías, ensayaba hasta gastar los pies en el escenario para aprender a bajar las escaleras. “Y hacerlo bien”, subraya.

Al respecto, resalta que, además del talento y las ganas de trabajar, la disciplina, la responsabilidad, la perseverancia y el sentido de ubicación son virtudes muy valoradas. Destaca, también, que siempre le gustó marcar la diferencia, sin imitar a otros, darle su toque personal a cada tarea. “Por ello, cuando comencé a conducir en tevé, lo hacía en guaraní, contaba chistes para que el público se sienta identificado”. Tenía bien claro lo que debía hacer; como sus televidentes son mayoritariamente gente del interior. “Hasta ahora he tenido muy buena recepción del público”.

En todos estos años, nunca le faltaron propuestas de trabajo, gracias a las cuales fue creciendo hasta llegar adonde está en la actualidad, como conductora de dos programas de tevé: Arriba Paraguay junto con Ricardo Rodas Vil y Freddy Almirón por las mañanas en Paravisión, y Pira pire en Canal 9.
Al hacer un balance de su carrera, Thomen se considera realizada y se sorprende de todo lo que ha avanzado desde sus inicios. "Jamás pensé que llegaría a ser actriz, por ejemplo. Veía las telenovelas mexicanas y pensaba: ‘¡Guau, qué genial sería actuar!’. Mi primer trabajo sobre las tablas fue en el Arlequín Teatro”. Y también llegó a hacer dos temporadas en teatro de revistas en la Argentina, donde tuvo la ocasión de compartir escenario con grandes figuras, como Valeria Lynch y Jorge Guinzburg. “Imaginate, una chica del interior trabajando con esos artistas, las conocidísimas vedets como Jésica Cirio o Wanda Nara. Le agradezco a Dios por tantas oportunidades”.

A pesar de calificar de linda la experiencia, Pabla decidió retornar a nuestro país. “Ya tenía mi carrera hecha y no quería arriesgar a mi pareja”. Ni bien llegó acá le llamaron para trabajar en Matrimonio y algo más.

Además de revista, Pabla también hizo teatro junto con grandes humoristas, como Rafael Rojas Doria, Luis D’Oliveira, Clara Franco, Gustavo Cabaña. “Aprendí mucho de ellos y el momento de actuar o conducir usé todo ese conocimiento”. Y justamente, estas dos actividades son las que más está realizando en este momento. “Ahora que estoy explorando la conducción; descubrí que me gusta mucho”, afirma.

Actualmente, si bien está en pareja nuevamente, la relación es muy nueva como para hablar de matrimonio e hijos. En este momento, su prioridad es su trabajo y afianzarse en la profesión. “Este mes comencé a estudiar Locución y también quiero retomar mi curso de Inglés”, cuenta. Cree que estas dos herramientas son fundamentales para cualquier profesión y, en especial, la conducción.

Hoy, con 34 años, confiesa que tiene muchas ganas de formar una familia. “Considero que estoy preparada; soy una mujer hecha y derecha, sé lo que quiero. Y pienso que este es el momento”, asegura.

¿Le teme a la vejez? “A la solitaria. Es una etapa que uno debe pasar. Aunque tengo muchos hermanos, quiero mis hijos, una pareja, envejecer juntos”, responde.

¿Un sueño? “Ya los cumplí todos. Tener un título universitario era mi gran sueño. Y trabajar en conducción es como la yapa. Pero sí quiero tener un hijo; es casi un deber”.

Informacion de ABC Color  -  mpalacios@abc.com.py

lunes, 30 de junio de 2014

Los 104 años de un héroe del Chaco

  • CONCEPCIÓN. El excombatiente de la Guerra del Chaco (1932-1935) Ladislao Cabral cumplió el viernes último 104 años. Sus familiares, vecinos, amigos y miembros de la 4ta. División de Infantería compartieron con él su cumpleaños. A pesar de los años, recordó su experiencia en el campo de batalla donde fue herido y arrastrándose hasta el puesto sanitario de su unidad fue asistido y así pudo salvar su vida.
El héroe nació en Concepción el 27 de junio de 1910 y, según recordó con sorprendente lucidez, en 1930 salió del cuartel y fue uno de los primeros en presentarse cuando se iniciaron las movilizaciones para ir al Chaco en 1932.

Durante su servicio militar su regimiento fue el 2 de mayo y en la contienda perteneció al Regimiento de Infantería N° 18 “Pitiantuta”. Resaltó que al Chaco fueron varios hombres en una embarcación de Heriberto Colombino, desembarcaron en Puerto Casado, desde donde caminaron hacia el Fortín Nanawa; debido a la hinchazón de sus pies se quedó en el Fortín Orihuela.

“Cuando llegamos a Puerto Casado nos dieron unos zapatones porque debíamos caminar. En ese entonces no había transporte hasta Nanawa. Caminamos por zonas donde había mucha agua, quedé en el Fortín Orihuela porque ya no podía caminar. Mis pies estaban hinchados, tuve que esperar una carreta”, dijo en guaraní.

Señaló que recorrió mucho durante la guerra, pero en especial rememoró que fue partícipe de la batalla de Cañada Strongest que se libró entre el 10 y el 25 de mayo de 1934. “Fuimos en tren hasta el lugar conocido como 180 y de ahí caminamos hasta Strongest, donde asaltamos”, recordó.

Durante la guerra Ladislao Cabral fue herido en la pierna derecha en uno de los combates contra el ejército boliviano. “Fui herido el 24 de diciembre de 1934, recibí un impacto de mortero en la pierna derecha, le comuniqué a mi comandante de pelotón que estaba herido y me dijo que vaya a la sanidad. Arrastrándome llegué hasta el lugar y ahí me alzaron sobre una mesa y me pusieron una sonda en la herida”, explicó.

Para ser mejor asistido tuvo que ser trasladado a otra zona y para ello sus superiores lo montaron a un burro que tenía consigo su cría. “Di dos vueltas de ysypo al cuello del animal y con una faja que había quitado de un soldado boliviano cubrí mi pierna herida. En una parte del viaje el burro se tropezó y caí al suelo”, recordó y sonrió durante su relato. Luego de haber sido herido ya no regresó al campo de batalla.

El excombatiente tuvo 9 hijos, dos ya fallecieron y desde hace seis años es viudo. Sus familiares no tienen contabilizados cuántos nietos, bisnietos y tataranietos tiene, además comentaron que el héroe camina solo y que “come de todo”, pero poco, mencionaron.

Don Ladislao, durante su juventud, se dedicó a ser sastre y luego aguatero, vendía agua en carro por los barrios de Concepción. Dijo que es del club Cerro Porteño y en Concepción es del club Mariscal López, además de ser del Partido Febrerista, al cual se refirió como una nucleación que ha terminado.

ABC

domingo, 8 de junio de 2014

Eulogio Franco Riquelme: Un veterano de la guerra con “olor a pólvora”

  • CONCEPCIÓN. El veterano Eulogio Franco Riquelme (102), que vive con su familia en el barrio Villa Armando de esta capital departamental, recordó que cumplió el servicio militar en el Regimiento 2 de Mayo con asiento en Concepción. Pasaron ocho décadas desde la Guerra del Chaco, pero él aún tiene recuerdos del campo de batalla, que aquí rememora.
Eulogio Franco indicó que luego de salir del cuartel, en 1931, se presentó en el primer llamado a quienes pasaron por el servicio militar para defender a la patria. Regresó a su casa en 2 años y 11 meses. “Yo formé parte del Fortín Nanawa. De Concepción fuimos muchos jóvenes. Lo que es cuando uno no sabe el peligro que representa ir a la guerra. Unos 100 hombres fuimos a Riacho Negro en barco, luego caminamos y cruzamos dos esteros hasta llegar a Nanawa”, dijo en guaraní.

Agregó que “en el mes de setiembre ya escuchamos a lo lejos los cañonazos. Había sido en Boquerón ya estaban enfrentándose paraguayos y bolivianos. De nuestro grupo se formó el Regimiento 13 Tuyutí, conjuntamente con los pocos conscriptos sobrevivientes que estaban en el fortín”, rememoró.

Preguntado sobre si fue herido en alguna batalla, expresó que sí, en una ocasión, en uno de sus glúteos, pero restó importancia al hecho.

Los “ñorairõ”

Recordó también que en el Tercer Cuerpo de Ejército el que comandaba era Luis Irrazábal y que fueron por la costa del río Pilcomayo y pelearon en Nanawa. “Los ñorairõ se produjeron el 20 de enero y el 4 de julio. Después cayeron las divisiones Sexta y Novena, con un total de 8.000 hombres, y allí los jefes se vieron en apuros”, indicó. “Empezaron a juntar hombres y atacamos desde Nanawa y los bolivianos empezaron a correr hasta Villa Montes, fortín boliviano”, explicó.

30 años de preparación

El héroe concepcionero dijo que en 1901 los bolivianos ya habían instalado el fortín en la zona de Villa Montes. En ésa época decían los bolivianos que iban a hacer “un paseo militar” por nuestro territorio, hasta llegar a Concepción, porque nunca encontraron oposición para ingresar a nuestro territorio, comentó.

“Olor a pólvora”

Señaló que existen muchas personas que nunca fueron a la Guerra del Chaco y sin embargo cobran o cobraban la pensión correspondiente. “Somos pocos los que quedamos con vida y que tenemos el olor a pólvora”, comentó orgulloso.

Con su familia

El excombatiente vive con su familia. Tiene diez hijos y desde hace cinco años es viudo.

Él mismo anotaba los números de sus descendientes y logró contabilizar 73 nietos, 180 bisnietos y 20 tataranietos.

Según sus familiares, come de todo, pero muy poco. Lo que consume con más frecuencia es leche, además de miel y frutas. Camina con ayuda de sus familiares. Tiene dificultades en la visión y la audición, pero no olvida sus anécdotas de guerra.

Regimiento 13 Tuyutí

El héroe de la Guerra del Chaco (1932- 1935) Eulogio Franco Riquelme (102 años) es el único sobreviviente del Regimiento 13 Tuyutí que reside en la ciudad de Concepción. Él es uno de los 41 excombatientes de la contienda contra Bolivia que todavía se mantienen vivos en el primer departamento.

A pesar de los años recuerda con precisión los momentos que le tocaron en el campo de batalla. Desde hace un tiempo tiene dificultades para escuchar y su visión es cada vez menor.

Criticó a muchos que se hacen pasar por excombatientes. “Somos pocos ya los que tenemos el olor a pólvora”, dijo.

Fuente: ABC

domingo, 22 de diciembre de 2013

Cleofe Centurión: Un héroe norteño

A pesar de tener 102 años, Cleofe Centurión tiene vivas en su memoria las anécdotas de sus días de lucha en la Guerra del Chaco y hoy las cuenta desde su natal Concepción. En su relato insiste en que el agua era uno de los tesoros más preciados por los soldados paraguayos.
Cleofe Centurión nació en Concepción, 470 km al norte de Asunción. En sus calles creció e hizo sus primeros amigos. Cuando tuvo la edad requerida, fue a cumplir con el servicio militar obligatorio en la capital del primer departamento, como cualquier joven respetuoso de las costumbres y luego volvió a su casa, con el objetivo de trabajar, casarse y formar una familia. Pero cuando cumplió 21 años, se desató la guerra entre nuestro país y Bolivia. El joven, sin dudar, se presentó al frente de batalla.

En ese momento, su hermano Telmo estaba como conscripto en Concepción y también fue a la guerra. Cleofe fue con la ilusión de encontrarlo y defender juntos al país. Sin embargo, las cosas no eran como esperaba y se reencontraron recién tres años y nueve días después.

De las varias anécdotas que vivó en la línea de combate, don Cleofe −quien llegó a ascender a cabo segundo− hizo énfasis en que el agua era muy preciada por los combatientes. A pesar de que se les hacía llegar, nunca era suficiente porque el calor era intenso en el árido Chaco y conseguirla se hacía cada vez más difícil. Los comandantes enviaban a los soldados a traer agua acumulada en pequeños tajamares ubicados en las cercanías de sus campamentos.

En uno de los días en que estaban en la línea de combate pasaron dos soldados que traían el líquido vital en recipientes, desde una zona cercana donde había una aguada. Uno de sus camaradas estaba con mucha sed y ya casi lánguido, por lo que don Cleofe les alteó y les dijo que dieran un poco de agua a su compañero. Estos se negaron a hacerlo porque debían llevar la carga a otro sitio; entonces, Cleofe le dijo a uno de ellos que diera a su compañero el agua o de lo contrario él les dispararía, el soldado no tuvo opción y les dejó casi medio litro, todo un lujo para el momento. Pero nuestro héroe aclaró que “no lo iba a matar, solo lo hice en forma intimidatoria, porque no podía dejar que mi compañero muera de sed”.

Son varias las anécdotas que se sucedieron durante los años que duró la contienda. “La comida no faltaba”, indicó. También rememoró que cuando encontraban huellas de animales y en estas se juntaban agua, la bebían con bombilla; asimismo, cuando pasaban por una zona donde había agua, sus compañeros que ya tenían mucha sed mojaban un pedazo de tela y la ponían sobre su estómago.

Herido

Durante la contienda contra Bolivia, Cleofe fue herido en el muslo izquierdo en un asalto a un campamento boliviano en Aliguatá. Al quedar herido, sus superiores ordenaron que lo llevaran al Hospital de Isla Po’i, en el que recibió atención médica. Posteriormente, llegó en tren a Puerto Casado y desde ese lugar en una embarcación llegó al puerto de Concepción, donde estuvo un mes y después fue trasladado a Asunción, donde finalmente fue operado, rememoró.

Indicó que luego de recuperarse fue derivado al cuartel instalado en Concepción, donde luego de una discusión con un teniente fue enviado de vuelta al Chaco. Como en su foja figuraba que fue herido, lo quisieron dejar como camillero en el hospital montado en Puerto Casado, pero se negó a hacerlo y nuevamente fue designado para defender a la patria en el campo de batalla, por más de un año.

En 2007, don Cleofe recibió la condecoración “Cruz del Defensor”, otorgada por el Ministerio de Defensa Nacional y en 2011 fue reconocido por autoridades locales como “Héroe concepcionero de la Guerra del Chaco”. Tiene 10 hijos, 47 nietos, 66 bisnietos y un tataranieto. Quedó viudo en 1974 y no se volvió a casar.

Ganas de vivir

Don Cleofe Ramón Centurión Laguardia recordó con sorprendente lucidez que nació en la compañía Laguna Cristo Rey, distrito de Concepción, el 9 de abril de 1911 y desde muy joven trabajó en las estancias de la zona. Desde hace algunos años tiene problemas de audición, se moviliza ayudado por un bastón y perdió la visión de uno de sus ojos. Sus familiares mencionaron que duerme entre las 19:00 y 19:30 y se despierta a las 05:30, todos los días. Además, destacaron su lucidez y ganas de viajar. Para mantenerse, la dieta de don Cleofe se basa en carne, huevo, leche, miel de abeja y jugo natural.


Fuente: abc.com.py

lunes, 12 de agosto de 2013

Policía herido por EPP: “Fuerza y sigan luchando”

Acostado en compañía de sus allegados, con la esperanza de que las secuelas que sufrió en un atentado con bomba del EPP ya desaparezcan, el suboficial Edgar Fariña está en el hospital de Policía.

Los ojos del policía se llenan de felicidad al ver que un equipo de periodistas ingresa a su habitación. Sus familiares nos abrieron las puertas del lugar, para que su hijo – postrado en cama – no sea olvidado. Fariña es una de las tantas víctimas del criminal grupo Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

En la tarde del 21 de abril, mientras varias personas aún elegían al nuevo presidente de Paraguay. Varios policías se dirigieron presurosos a Kurusu de Hierro, Concepción, atendiendo a que la comisaría local era atacada por el EPP. Fariña se encontraba entre los intervinientes.

Terminado el operativo, un convoy de patrulleras policiales se desplazó por un oscuro camino de tierra. Al pasar un puente, alguien activó una bomba que dañó a uno de los rodados policiales; el suboficial Cirilo Díaz falleció y Fariña quedó muy mal herido.

Meses después, el suboficial se recupera satisfactoriamente, pero quedó con secuelas. Ya no puede valerse de si mismo en algunas cosas y solo se puede movilizar en silla de ruedas.
METAS

El suboficial Fariña, lejos de caer en la tristeza, le tiene mucha fe a su futuro. Sabe que ya no será policía pero eso no le corta la esperanza de progresar en la vida. Comenta que ni bien termine su tratamiento, estudiará administración.

“Mi sueño es estudiar otra vez después otra cosa, estoy pensando estudiar administración”, comentó.

Con una sonrisa, agradeció la constante compañía de sus papás, Irma Fernández y Ramón Fariña, así como de los hermanos. Su familia no dudó en dejar la compañía 25 de abril de Horqueta, para instalarse en el hospital de Policía y no dejar solo a Edgar.

Un capítulo aparte se lo merece su novia Cintia González (20), quien no dudó un instante en abandonar sus estudios, para prodigarse a su cuidado. “Después de salir de acá, si Dios quiere, nos vamos a casar”, expresó.

Sobre la fatídica noche de la explosión, manifestó que los policías del norte están entrenados para esperar lo peor.

“Estoy bien consciente de lo que pasó, porque estaba para eso allá; estoy muy orgulloso porque ese era mi trabajo, ese es el trabajo de nuestra policía”, manifestó.




Recordó que participó de un entrenamiento para estar en zonas peligrosas, lo cual le ayudó bastante para sobrellevar las secuelas del atentado. “Nosotros hicimos un curso, justamente para estar en esa zona y para luchar contra ellos, estábamos conscientes y con temor”, puntualizó.

Sus familiares destacaron la atención del hospital, pero la hermana Irma Fernández lamentó que los jefes policiales ya no visitan a Edgar. Creen que el tratamiento durará un año más y que el resultado será auspicioso. El suboficial tiene que ser sometido a una nueva cirugía.

Fariña estaba asignado al destacamento policial de Hugua Ñandu, pero el día del atentado estaba asignado como refuerzo de la comisaría de Arroyito. Tiene 23 años y es el tercero de seis hermanos.

Pese a su acto de heroísmo, el gobierno de Federico Franco no le brindó ningún tipo de reconocimiento por su labor. El policía sigue percibiendo su salario mensual.

La conversación con Edgar concluyó con un mensaje que el brindó a sus amigos y camaradas: “Mucha fuerza les doy y que luchen, que se cuiden, porque esta gente (EPP) es muy peligrosa y cobarde”, indicó.


Historia del suceso

El joven uniformado, uno de los mejores del Curso de Operaciones Rurales (COR), fue comisionado junto a su grupo como refuerzos en la comisaría 13ª de Arroyito, luego de que se interceptara un plan de ataque del EPP, que desafortunadamente se llevaría a cabo ese día.

Fariña y su grupo se desplazaron rápidamente desde su base hacia la zona de Kurusu de Hierro, inmediatamente después de que la comisaría 21ª fuera atacada a tiros, desde el frente y desde atrás de la unidad.

Este primer tiroteo dejó como saldo dos policías heridos, los suboficiales ayudantes Walterio González y Javier Machuca, aunque el EPP también sufrió una baja, la de Francisco Denis Almirón, un poblador de Kurusu de Hierro quien había iniciado la balacera desde una motocicleta en movimiento.

La explosión


Ya a últimas horas de la tarde, cuando las fuerzas especiales se disponían a replegarse, el suboficial Édgar Fariña subió a la carrocería de la patrullera Delta 1, asignada al jefe de Policía de Concepción, Crio. Princ. Antonio Gamarra.

El vehículo encabezó el convoy que iba a retornar a la ciudad de Concepción, aunque justamente por medidas de seguridad prefirieron regresar por Azotey y no por Horqueta. Sin embargo, casi inesperadamente, a solo ocho kilómetros de la comisaría de Kurusu de Hierro, recientemente atacada y en medio de la nada, se escuchó una fuerte explosión, que casi volcó la camioneta.

“Yo me iba sobre una madera, en la carrocería de la patrullera, y cuando escuché la detonación me caí sobre el oficial ayudante Alfredo Guerrero y el suboficial 2º Víctor Samuel Chávez, quienes estaban conmigo. A partir de entonces, solo escuché más detonaciones”, dijo ayer Fariña en su sala de internación del policlínico policial, al referirse al ataque a tiros que siguió al atentado con bomba contra el convoy policial.

Bombas y tiros

Los miembros del EPP, como esperando que los policías pasaran por Paso Tuyá, prepararon un dispositivo explosivo casero, activado a distancia por uno de los criminales, y luego también tres tiradores de la banda salieron del monte y rociaron a balazos la camioneta.

Pese a que los otros policías reaccionaron, en la cabina del móvil Delta 1, en el asiento trasero, detrás del acompañante, el suboficial 2º Cirilo Díaz Escobar (29) había quedado inmóvil y con una herida de metralla que le atravesó la cabeza y le produjo la muerte en el acto.

Los tres heridos, entre ellos Fariña, fueron derivados luego de la balacera a Santa Rosa del Aguaray y después traídos a Asunción.


En cama


De momento, luego de varias complejas intervenciones, el suboficial Édgar Fariña Fernández permanece postrado en cama, aunque dice no perder la esperanza de recuperarse y volver a la Policía. Sin embargo, también reconoce que fue un afortunado por sobrevivir.

Fuente: ABC

jueves, 16 de mayo de 2013

Cuando un hijo dicta la profesión a una madre

Leyla Medina de Coelho de Souza (32) es una madre que lucha día a día por su hijo y el de otros porque, debido a la enfermedad de su pequeño, estudió fisioterapia y, a través de su profesión, trata con personas de diferentes edades y problemas de salud. 

Su vida está marcada por negligencias médicas que le hicieron perder un bebé antes de nacer, y otro falleció dos días después de haber nacido. Un ejemplo de madre joven que renunció a muchas cosas para estudiar y criar a su hijo.
La joven madre nos contó su historia de lucha y amor por su hijo: “Soy madre de un niño de 11 añitos, Él se llama Enriquito Coelho, estoy casada con Enrique Coelho de Souza, nací en Concepción. Esta es mi historia. A los 19 años, estando en el probatorio de Medicina perdí la visión del lado derecho; por ese problema dejé de estudiar la carrera que siempre quise. Mi sueño era ser doctora en cardiología”, recordó.
Indicó que a los 21 años quedó embarazada. “Mi hijo nació con dificultad respiratoria por una negligencia médica. En la ciudad donde vivía entonces, Concepción, no había terapia, trasladaron a mi hijo en una ambulancia sin oxígeno, y por ello tuvo hipoxia cerebral. En la capital recibió cuidados intensivos por 15 días. Una vez dada el alta, volvimos a nuestra ciudad”.

Pasaron los meses y notó –con su familia– ciertas anomalías en su hijo. “Él no tenía control de cabeza, a los seis meses no se sentaba. Tanta era nuestra insistencia, que consultamos con un neurólogo, y el diagnóstico fue parálisis cerebral. Acá empezó una lucha día a día. Nos trasladamos a Asunción, y para su rehabilitación recorrimos todos los centros médicos necesarios”, dijo.

Recordó que viajaron a varios países en busca de soluciones. Con el correr del tiempo, le empezó a interesar la carrera de fisioterapia. “Me dije ‘por qué no estudio para poder tener conocimiento de todo lo relacionado con el problema de mi hijo’. Empecé a estudiar en Asunción, y al tercer año de mi carrera quedé embarazada, y al noveno mes mi bebé falleció por una negligencia médica. Fue un duro golpe”, señaló.

“A pesar de todo tenía la obligación y el deber de seguir mis estudios por mi hijo, me recibí con honores: fui medalla de oro en mi promoción. Yo era madre, padre, porque mi marido se quedó en mi cuidad por su trabajo para solventar los gastos. Le llevaba de mañana y de tarde a su terapia, de noche iba a la facultad y de madrugada estudiaba. Así pase los años de mi carrera”, explicó.

“Teniendo mi hijo 7 añitos, de nuevo quedé embarazada. Tuve un embarazo de alto riesgo, con tratamiento. En la Argentina, cada diez días me realizaban transfusiones intrauterinas por poseer incompatibilidad sanguínea. Soy madre Rh negativo, y con mi primer hijo no me aplicaron la vacuna anti-Rh, una negligencia más”, aseguró.

“Tras nacer, mi hijo falleció dos días después. Otro golpe más a nuestras vidas”, recordó con tristeza.

Leyla Medina actualmente vive en Horqueta, en el departamento de Concepción, con su familia, trabajando en su profesión, que ama, y además es la terapeuta de su hijo. “¡Qué madre no haría todo por su hijo! Estudié por y para él. Porque sé que él me necesita. Por eso es triste ver a madres que tienen hijos con discapacidad y los esconden y no luchan por ellos, o los abandonan”, refirió.

“Dios nos da hijos así para que seamos más fuertes y porque sabe que tenemos la capacidad de amor para brindarles. Mi hijo participa en todas las actividades, juega al fútbol; no puede caminar independientemente, pero sí con ayuda. Cursa el quinto grado en una escuela normal, con excelentes calificaciones. Hoy camina con andador y también comienza a movilizarse con bastones canadienses”, señaló.

Mensaje

“Madres, nunca se rindan, luchen por sus hijos; ellos son nuestra vida. La inclusión en la sociedad es muy importante para que ellos se sientan importantes y útiles. Son seres como nosotros; solo que hay personas que no entienden que la discapacidad no es más que la incapacidad de entender que todos somos distintos”, sostuvo.
Finalmente, dijo: “Tengo una razón enorme para seguir adelante: es mi hijo, y seguiré en la lucha para que él pueda caminar”.


Fuente: Fredy Rojas - ABC Color

domingo, 10 de febrero de 2013

Miriam Adela: 35 años de una catástrofe que conmovió al país

CONCEPCIÓN.- En la fecha se cumplen 35 años de un accidente que marcó la historia de Concepción. El hundimiento del barco “Myriam Adela”, en la zona de Puerto Kemmerich, considerado el mayor siniestro acuático ocurrido en nuestro país y que dejó unos 70 muertos y unos 30 desaparecidos.

Jueves 9 de febrero de 1978. 

El sol calentaba como nunca a las 7.00 de la mañana. El buque de carga y pasajeros Myriam Adela iniciaba un nuevo recorrido rumbo al Norte del país. Como en cada trayecto, saldría de Asunción e iría tocando varios puertos hasta llegar a Vallemí. En ese entonces, viajar por el río Paraguay era la forma más segura de llegar hasta los alejados pueblos del Norte. Los caminos por tierra eran escasos y en gran parte se encontraban en pésimo estado, algo que en los tiempos actuales sigue siendo el problema de las localidades más alejadas de las poblaciones urbanas.
El buque partió con 26 pasajeros y durante su recorrido fue alzando más personas. En el Puerto de Concepción, el 10 de febrero, fue donde más gente subió. El Myriam Adela era la motonave preferida por muchos de los que viajaban por el río Paraguay hacia la zona norteña. Pero el destino le daría un giro brusco unos 88 kilómetros aguas arriba, al llegar a Puerto Kemmerich (Concepción), donde hay un barranco de unos dos metros de altura. Allí se produjo el encuentro con un tornado. El buque no contaba con una planilla de pasajeros, por lo que fue difícil determinar la cantidad de gente que iba en ese viaje. Los cálculos posteriores estiman que a bordo estaban unas 160 personas, entre hombres, mujeres y niños. Y a esto se sumaban unas 17 toneladas de carga.

Según refieren las crónicas de la época, el capitán Juan Bautista Coronel alertó al segundo comisario a bordo, Prudencio Silva, sobre el extraño comportamiento del tiempo. Prudencio recomendó al capitán realizar marcha atrás. Eran poco más de las 19.00 cuando estalló el aguacero. Los pasajeros que estaban afuera ingresaron a la cabina para refugiarse y cerraron las ventanillas del carguero, en tanto que el viento empezaba a soplar con más fuerza, agitando las aguas y a la atestada embarcación. Temeroso de lo que podía suceder, Bautista Coronel ordenó dirigir la embarcación a toda máquina hacia la costa distante a unos 150 metros, para refugiarse en el barranco hasta que pasara el temporal.

Pero en el giro, a las 19.13, el tornado golpeó con fuerza al Myriam Adela, y lo dejó boca abajo (en vuelta campana). La nave salió a flote, para luego volver a hundirse en forma definitiva. Escenas dantescas se vivieron en esos momentos. Los que estaban afuera se lanzaron al bravío río y posteriormente se mantuvieron a flote agarrándose de salvavidas, colchones, maderas, etcétera. Adentro había terror, desesperación, llantos, gritos. Los que podían, rompían los vidrios de las ventanillas e intentaban salir a la superficie. El buque se hundió de manera inexorable llegando hasta el fondo del río, a unos 12 metros de profundidad.

Con su arrojo y valentía, don Eligio 
González, que trabajaba de peón en 
una estancia cercana, salvó a unas 25 personas
En Kemmerich, Eligio González (76) esperaba la llegada del barco para retirar una encomienda de su patrón. Sabría de la proximidad del buque cuando hiciera sonar su bocina. Para retirar el encargo, él se acercaría con su bote a recogerlo. "Un rato antes todo estaba tranquilo, ni siquiera una nube había", rememora hoy, 35 años después de la tragedia. Cuando se desataron la lluvia y el vendaval, se refugió junto a otras personas en un ranchito de unos trabajadores. "El tornado echó todo lo que encontraba a su paso. Duró minutos", dice.
Don Eligio recordó que no había amarrado bien el bote con el cual iba a buscar el encargo, por lo que bajó hasta la costa y ahí escuchó los gritos de los náufragos. Sin pensarlo tomó su embarcación de seis metros y empezó la tarea de rescate, haciendo frente a las olas altas y al fuerte viento. "Cuando llegué vi a las personas que estaban pidiendo socorro. Estaban todas juntas. Se tomaban de lo que sea. Pude agarrar a algunas que ya se estaban hundiendo", especifica y detalla que varios a quienes había traído se encontraban muy alterados y pedían volver para rescatar a algún familiar o conocido.Por esta acción Don Eligio recibió dos condecoraciones: una de la Cruzada Mundial de la Amistad y otra del Club de Leones de Concepción. Pero fuera de esto, nada más. No tuvo ningún tipo de reconocimiento ni pensión de la Municipalidad ni de la Gobernación concepcionera.

Hoy en día vive prácticamente en la indigencia, acompañado de su hija Catalina González, el marido de esta (quien se encarga de mantener a la familia) y sus pequeños nietos. Ninguno de los sobrevivientes o sus parientes volvieron a contactar con él.

Hace poco más de un año quedó ciego a causa de cataratas. El 14 de enero de este año su señora, Marina Santracruz (73), falleció como consecuencia de un cáncer de piel. El pedido específico de este héroe civil es poder cobrar el subsidio de los adultos de la tercera edad. Debido a su estado de salud y a que su hija estuvo a cargo del cuidado de su madre durante el largo tiempo de su enfermedad, no ha podido iniciar las gestiones para acceder a este beneficio, cuenta. "Ese dinero me servirá al menos para algo", expresa con esperanza este sobreviviente de las grandes tormentas que pasaron por su vida.

El naufragio del Myriam Adela conmocionó a todo el país. Embarcaciones cercanas se sumaron a la tarea de rescate de los sobrevivientes y la búsqueda de los cuerpos. A la par de estas acciones se barajaban las posibilidades de cómo reflotar a la motonave, ya que se especulaba que había más víctimas en su interior. En este trabajo participaron buzos de la Armada nacional y grúas que fueron llevadas por agua hasta el sitio del luctuoso suceso. Carpinteros concepcioneros se ofrecieron a fabricar ataúdes de manera gratuita para los deudos, mientras que Concepción era el epicentro de colectas solidarias y oficios religiosos en la iglesia de la ciudad.

La tristeza invadía todos los espacios. Entre los primeros ahogados que fueron encontrados unos días después, se destacaba el de una madre que abrazaba con fuerza a su hijo pequeño. Al principio los restos hallados fueron llevados hasta la capital del primer departamento. Las autoridades determinaron que fueran enterrados en fosas comunes, debido al avanzado estado de descomposición. Unos días después, se ordenó que cuerpos hallados posteriormente fueran sepultados en la misma costa donde ocurrió el hecho. Esto alertó a los familiares de los fallecidos, quienes temían que sus seres queridos fueran enterrados sin que ellos los identificaran.

"Durante la partida al cementerio, el olor de los cuerpos agarraba toda la avenida Pdte.Franco", relata hoy Américo Albertini, integrante del Cuerpo de Bomberos de Concepción, instructor de natación y que con su amplia experiencia en el agua ayudó al rescate de los ahogados. El servidor público asegura que en todo el mundo el accidente del Myriam Adela fue la peor tragedia fluvial. De aquellas dos semanas, Albertini recuerda que en la desesperación algunos le reclamaban de manera airada el hecho de no encontrar aún a los desaparecidos en el siniestro.

En Puerto Kemmerich, entre 400 y 500 personas formaron un improvisado campamento durante la espera del reflote de la siniestrada nave. Gracianiano Irala (68), más conocido como Fotosky, realizó la cobertura para el diario Última Hora. Llegó tres días después del accidente y se mantuvo en el lugar como un mes. Cada día debía realizar el trayecto Kemmerich- Concepción para enviar por vía terrestre los rollos de fotos que se publicarían en la edición del día siguiente.

En la memoria aún guarda vívidas imágenes de su estadía en el lugar de los hechos. Recuerda cómo los parientes de los fallecidos se abrazaban a sus restos una vez hallados, sin importar el olor ni el estado de descomposición en que se encontraban. Otra película de ese momento fue el de unas personas que a orillas del río esperaban sentados sobre unos ataúdes la aparición de los cuatro miembros de una familia. Finalmente se encontró solo a tres de ellos.
Dr. Mario González
Durante varios días el pediatra Mario González fue el único médico en Kemmerich. Además de asistir a los heridos, durante los 17 días que siguieron a la tragedia hasta el reflote total del barco, González dio palabras de aliento a los que se sentían de-sesperanzados por no encontrar a sus desaparecidos. "Un señor quería tirarse desde el barranco porque él se salvó pero los que iban con él, no", relata. También evitó riñas y un intento de violación. En medio de ese ambiente de tristeza y muerte, ayudó a dar a luz a una niña cuyos padres la bautizaron con el nombre de la embarcación. "Nunca más supe de ella", responde al preguntársele si conoce su paradero actual.
Mario González fue el único médico en Kemmerich. Asistió a los heridos, durante los 17 días que siguieron a la tragedia.
El doctor González había llegado hasta Puerto Kemmerich para buscar a su madre, Francisca Paradeda de González, quien viajaba en el barco rumbo a Vallemí, para visitar a uno de sus hijos. En el último día del reflote, tarea que se realizó luego de dos intentos infructuosos, pudo encontrar a su madre en la bodega de la embarcación. "La reconocí por tres elementos: un diente de oro, el anillo y un aro que ella llevaba", detalla González.

De los momentos vividos con el heterogéneo grupo de personas en el campamento, rememora que el estado emocional era muy cambiante. Al amanecer muchos se sentían pletóricos de esperanza a la espera de encontrar a sus seres queridos. Pero al caer la tarde la desazón cundía, cuando la búsqueda no daba resultados. González también menciona el hecho de que macateros inescrupulosos iban en botes y vendían alcohol a los ocasionales ocupantes de la orilla del río Paraguay. "Pero lo que más destaco en ese momento es la unidad que hubo en el grupo y la gran solidaridad de toda la gente", señala.

El 26 de febrero, a las 19.00, luego de estar 380 horas bajo el agua, el Myriam Adela fue reflotado. "Hasta en el baño había cadáveres", evoca el doctor González, uno de los intervinientes. Los datos más cercanos indicaron que fallecieron 113 personas y sobrevivieron 47. Años después, la embarcación volvería a surcar las aguas, pero solo como transporte de carga de ganado vacuno. El transporte preferido de los que iban al Norte por agua cerraba esta etapa con el estigma de haberse anclado en la historia del país como una de las mayores tragedias de la vida civil.

Los vaivenes de una nave



En su origen, el Myriam Adela perteneció a los Testigos de Jehová, que lo habían bautizado con el nombre de La Mensajera. Los religiosos lo utilizaban para llevar el evangelio a las localidades del Norte. Luego fue vendido y sirvió de transporte de carga de ganado en la misma zona. Posteriormente, la nave fue adquirida por Juan Gualberto López, que la transformó en barco de pasajeros y la renombró Myriam Adela, como una de sus hijas. La embarcación medía 27 metros de largo, cinco de ancho y dos metros de altura.
Posterior a la tragedia fue adquirida por Félix Rolón. Hoy en día lleva el nombre de Jinete I y es utilizada para transportar ganado a la zona norteña. Hace unos tres años y medio volvió a hundirse, a 274 kilómetros de Asunción, y se perdieron 80 cabezas de ganado.
Sobre los supuestos gritos y pedidos de socorro que se escuchan en la motonave en las noches de tormenta -después del hundimiento del 10 de febrero de 1978- Wilson Morínigo (33) comenta que en los 18 meses que trabajó en el barco, jamás escuchó tales manifestaciones.Lo mismo afirma Gabino Sosa (59), que durante 10 años sirvió como marino en el Jinete I. "Cuando se pasa con el barco en la zona donde se fue a pique, uno tiene miedo y hasta parece que dos barcos están viajando, uno al lado de otro. Pero eso es porque tenemos miedo nomás", dice sonriendo Gabino.
                                                              *Publicación de la Revista Vida | Sábado 9 de enero de 2013

Fuente: Ultima hora