Era una mujer de autentica prosapia paraguaya. También madre como la saben ser las mujeres de esta tierra.
Ella formaba parte en el éxodo de las mujeres del norte, que volvían a su tierra después del martirio final en Cerro Corá, con su criatura de pecho en los brazos.
Hacia 2 días que emprendió la marcha, apurando legua tras legua, por el camino calcinado de su migrar incierto, sin que probara bocados, son que se diera tregua. La fiebre devoraba su extenuado organismo. Vencida por el cansancio y consumida por la inanición, se recostó a la vera del camino, mientras su hijita iba hasta el pequeño YCUA SARA, en procura de agua. Al volver la niña, la madre ya había muerto, al lado del camino en un lecho de hojas secas, en la picada que hoy lleva su nombre.
El tierno cuerpecito de carne tibia que la había acompañado, siguió palpitando por espacio de varias horas sobre el pecho inanimado de la muerta.
A sus vagidos las fieras, como tocadas de ternura, acudieron con sus cachorros a brindarle compañía. Pero el vástago postrer del infortunio, no podría seguir viviendo, y muerto ya también, los carnívoros rondaban en torno a los despojos, celosos y rugientes, sin que intentaran devorarlos.
La naturaleza, como asociándose al duelo, soltaba las notas de sus cascadas cristalinas, en un coro sollozante. Extraño velatorio de dos cuerpos yacentes en la soledad aterradora del desierto bosque.
Posteriormente, manos piadosas echaron sobre los cadáveres algunos puñados de tierra y clavaron en su cabecera el símbolo de la cristiandad.
La santa cruz de pobre madero se ve al costado del camino, y cada transeúnte que pasa por allí, arranca un fragmento para llevarlo como reliquia inseparable sobre el pecho.
Allí esta CURUZU ISABEL. Isabel Sanabria, otra concepcena desposada con la inmortalidad. Algún día, en ese lugar habrá de levantarse el monumento a la MUJER DE LA RESIDENTA.
Don Benigno Villa llevó magistralmente al teatro, en CURUZU ISABEL, este pedazo de la historia concepcena.
Recopilacion de mil historias, graficos, biografías y vivencias de Concepcion del Paraguay, de ayer, hoy, de aca y allá...
viernes, 22 de agosto de 2008
Isabel Sanabria – Curuzú Isabel.
domingo, 22 de junio de 2008
Primer Edificio Municipal.
domingo, 1 de junio de 2008
GEORGE LAVAND
Ingeniero, arquitecto, pintor venido de Francia.
Hombre ya renombrado en su país de origen, Francia, al ganar su primer premio en pintura, en la Escuela de Bellas Artes, de Paris. Asimismo era un buen escultor.
Su característica fue el gusto por lo clásico, y fue el quien pobló aquella Concepción de la “Belle Epoque”, de edificios y jardines al gusto de las villas renacentistas italianas.
Tanto fue su amor por lo clásico, que cuando se le pidió se encargase de la construcción el Hospital Regional, el gustoso acepto el pedido sin querer aceptar un céntimo en retribución de su trabajo, pero poniendo como condición, que el edificio fuera del estilo de su gusto: Si Uds. quieren esos cajones amontonados a kerosen – dijo – vean a otro ingeniero.
El ingeniero George Lavand pobló en Concepción, en el lugar llamado Requejo, y desde allí, cuando en la Capital se proyecto la construcción del Palacio de Justicia, el participo del concurso de arquitectos, y lo gano, y es necesario hacer notar que todos los elementos usados para trazar su proyecto, fueron hechos, por él mismo, sin ninguna intermediación, con maderas de sus bosques de Requejo.
Dejó a Concepción bellos edificios como el de la Aduana y la residencia Quevedo Cabañas.
Fue George Lavand, por mucho tiempo Jefe de Obras Públicas de la Comuna. De su arte multifacético quedan varias obras pictoricas. Recordemos a “La batalla de Boqueron”, hoy en poder de su nieto, Alejandro Lavand (h), quien tambien es pintor y escultor.
Hombre ya renombrado en su país de origen, Francia, al ganar su primer premio en pintura, en la Escuela de Bellas Artes, de Paris. Asimismo era un buen escultor.
Su característica fue el gusto por lo clásico, y fue el quien pobló aquella Concepción de la “Belle Epoque”, de edificios y jardines al gusto de las villas renacentistas italianas.
Tanto fue su amor por lo clásico, que cuando se le pidió se encargase de la construcción el Hospital Regional, el gustoso acepto el pedido sin querer aceptar un céntimo en retribución de su trabajo, pero poniendo como condición, que el edificio fuera del estilo de su gusto: Si Uds. quieren esos cajones amontonados a kerosen – dijo – vean a otro ingeniero.
El ingeniero George Lavand pobló en Concepción, en el lugar llamado Requejo, y desde allí, cuando en la Capital se proyecto la construcción del Palacio de Justicia, el participo del concurso de arquitectos, y lo gano, y es necesario hacer notar que todos los elementos usados para trazar su proyecto, fueron hechos, por él mismo, sin ninguna intermediación, con maderas de sus bosques de Requejo.
Dejó a Concepción bellos edificios como el de la Aduana y la residencia Quevedo Cabañas.
Fue George Lavand, por mucho tiempo Jefe de Obras Públicas de la Comuna. De su arte multifacético quedan varias obras pictoricas. Recordemos a “La batalla de Boqueron”, hoy en poder de su nieto, Alejandro Lavand (h), quien tambien es pintor y escultor.
LUIS SANCHEZ, KIRITO Y TOMAS NOGUERA
Estos tres personajes vivieron en Concepción antes y durante la Revolución del 1947 hasta el final aproximadamente de la década del 40.Cosa curiosa, los tres se unieron para sus correrías, formando algo similar a una sociedad en comandita, erigiéndose en jefe el mas culto y desenvuelto de todos: Luís Sánchez.
Los tres se ubicaron en un ranchito que estaba a medio caer, a la media cuadra de la calle Alberdi, entre Montevideo e Iturbe, a solo una cuadra y media del Colegio Nacional, donde estábamos sus amigos los estudiantes.
Por la mañana temprano se levantaban y mientras tomaban mate, Luís les daba las instrucciones: Nde Kiritó rehota re recorre la ciudad ha ejerure limosna ha regüeruta ja jogua galleta, azucá, kaa hamba´é. Nde Tomas rehota re yapo la nde especialidad, remondata ryguasu, nde reikua haicha, si e posible pyharé. El se especializaba en entrar en gallineros ajenos y le rascaba en las patas a las gallinas y éstas, dormitando, al parecer quedaban hipnotizadas y se posaban en los dedos de Tomas. Entonces ñamo mimoita je karu hagua. También Kirito recogía todas las colillas de cigarrillos y cigarros para Luís, que era el único que fumaba.
Ahora, mientras salían, Luis Sanchez se paseaba por la cuadra y a la hora del recreo llegaba al Colegio donde festejábamos todas sus ocurrencias. El decía que se llamaba “Luis Sanchez de la atmósfera” porque vivía en otro mundo donde no se concatenan los vivientes del país sublime y cosmonauta. Se le preguntaba si que había aprendido de nuevo en la lectura del día, porque el recolectaba diarios viejos y recortes varios y los leia con frecuencia.
A veces llegaba y decía por ejemplo: “En la tribuna se contempla los 45 volúmenes contenidos en un solo punto tal como la ecuación vulnerable de la historia del Mcal Estigarribia”, bueno los muchachos pegüeru que na unos pesitos ajogüa hagua la susanor velocisimo de la misma. O sea el le llamaba así al aperitivo y en un principio se le convidaba y tomaba la rubia cañita, luego paso a la “blanca”, luego bebía Kerosene con alcohol puro. Era entonces la época en que como beodo consuetudinario comenzaba a afectarle el hígado, siendo muy posible que la cirrosis lo haya llevado a la muerte.
Es imposible rememorar todas las expresiones extravagantes e inentendibles que profería con cuantos amigos o transeúntes que pasaba.
Posiblemente la broma mas genial la hizo el químico farmacéutico don Arnaldo Riella. En una oportunidad cuando Luís llegaba a la vereda de su farmacia “Sta. Maria” le dijo: “espera un rato Luís que tengo para tu aperitivo”. Le entrego esa vez una botellita de caña mezclada con Sal Inglesa y por supuesto se lo tomo de un solo trago!. Al día siguiente vuelve y lo encuentra a don Arnaldo en la esquina y le espeta violentamente: “ A la puta Arnaldo chera´a, la nde susanor velocísimo de la misma ndaikuaai mbaeicha guá pa, porque o produci cheve un gran disparo cardiaco con retroceso liquido”.
Y en fin, asi paso su estampa por Concepción, pero nunca ofendió a nadie y todos festejaban sus locas e incoherentes elucubraciones, hasta que una mañana fría de invierno nos enteramos que se lo había encontrado muerto a orillas del Río Paraguay, detrás de la Usina Eléctrica. Es de suponer que habrá ido para asearse y cayo victima de un infarto y murió congelado, pues verdaderamente era un invierno muy crudo.
De los otros dos integrante no se conoce casi nada ya que pasaron desapercibidos.
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