domingo, 21 de septiembre de 2008

Mayor Lorenzo Medina

Héroe nacional en la guerra y en las letras.
Nació en Concepción el 10 de Agosto de 1899 y falleció en Asunción el 22 de Septiembre de 1986. Hijo de Doroteo Medina y Jamaría B. de Medina.
Desde muy pequeño se apasiono por la milicia. Eran 11 hermanos (10 varones y una mujer). Un hermano mayor que el, Alfredo Medina, que ostentaba el grado de Mayor del Ejercito Paraguayo fue asesinado con otros dos oficiales en el cuartel de la División de Concepción en 1913 por el Tte. Rogelio Godoy, el que fue sometido a un memorable juicio y fue fusilado en 1914 en los bajos del Congreso Nacional. Esta es una historia larga pero lo rescatable para nosotros es el espíritu de nobleza de los padres del fallecido militar, quienes perdonaron el alevoso crimen del Tte. Godoy.
Lorenzo Medina egreso como Oficial de la Escuela Militar en 1918 y fue destinado a la guarnición de Villarrica, ocasión en que conoció a la Srta. Antonia Rodríguez en 1920, reina de belleza del Club “El Porvenir Guaireño”, naciendo entre ambos un romance apasionado. Entonces se origino un movimiento revolucionario encabezado por el Cnel. Adolfo Chirife, contra el gobierno del Dr. Eusebio Ayala y los “Gondristas”, donde alistó el Mayor Lorenzo Medina y otros hermanos, pero como fueron derrotados estos revolucionarios, tuvo que tomar el camino del exilio. Paso a la Argentina y de ahí con sus hermanos optaron por ir al Matto Grosso, llegando a una famosa población llamada Campanario, donde estaba la central de los yerbales de Tomas Larangeira y por mera coincidencia encontramos al administrador Gral. Don Adán Godoy, justamente hermano del fusilado Rogelio Godoy. Pero como se dijo, los padres habían perdonado el hecho criminal y eso determino que se originara una reconciliación y trabajaron juntos y en concordia en la Administración.
Fue allí en Campanario que Lorenzo Medina recordaba a su guareñita amada a quien nunca mas volvió a ver y en medio de la nostalgia, con suspiros henchidos de amor escribió una poesía dedicada a esta dama, titulándola “Reikua´a ngaú ra´e”.
En 1928 se hizo la gran movilización para la guerra con Bolivia y con una amnistía general volvieron los compatriotas del exilio para defender el terruño. Ahí volvieron los hermanos Medina, y Lorenzo se reincorporo al ejército. Fue enviado por el gobierno a Salta (Argentina), desde donde con su hermano Amilcar incursionaban a territorio Bolivia como choferes para ofrecer a los bolivianos harina, caña y mujeres, pero su real misión secreta era la de espía que aportó valiosos datos al ejercito paraguayo.
En 1930 volvió a Concepción y comenzó a incursionar en las letras con su amigo el gran poeta concepcionero Luís Resquín Huerta. Luego de esto fue movilizado para loa guerra, siendo uno de los grandes héroes de la contienda.
Al terminar la guerra y con la caída del Cnel. Rafael Franco, tomo por segunda vez la senda del exilio, esta vez en Resistencia, Argentina. Condecoraciones: 26 de mayo de 1936. Se le confiere la condecoración al valor militar "Cruz del Chaco" por su brillante actuación en la pasada campaña del Chaco. “Medalla de Boquerón" y "Cruz del Defensor".

Con el advenimiento del Mcal. Estigarribia al poder en 1939 volvió Lorenzo Medina a su tierra, y luego de la trágica desaparición del Mcal. Estigarribia en 1940, llega Higinio Morínigo al poder y ahí tuvo el cargo de Director de Tierras y Colonias y miembro del Consejo del Banco del Paraguay, cargos que ocupó hasta poco antes del artero golpe del Dictador Morínigo, en que tuvo que emprender por tercera vez el camino del exilio, otra vez en Resistencia en el año 1947.
Con la Revolución del 47 de Concepción, el Mayor Lorenzo Medina toma el puesto de Jefe del “Frente Sur”, donde ante el fracaso de la revolución, cae prisionero del Gobierno de Morínigo. Siendo recluido en las famosas mazmorras de “investigaciones” de la Policía de la Capital, donde fue torturado y pasado por vejámenes y humillaciones. Fue trasladado posteriormente a la Prisión de “Peña Hermosa”.
Además de notables poesías escribió “Algunas batallas memorables de la Guerra del Chaco” y otros numerosos artículos en el periódico concepcionero “Correo del Norte”.

viernes, 22 de agosto de 2008

Isabel Sanabria – Curuzú Isabel.

Era una mujer de autentica prosapia paraguaya. También madre como la saben ser las mujeres de esta tierra.
Ella formaba parte en el éxodo de las mujeres del norte, que volvían a su tierra después del martirio final en Cerro Corá, con su criatura de pecho en los brazos.
Hacia 2 días que emprendió la marcha, apurando legua tras legua, por el camino calcinado de su migrar incierto, sin que probara bocados, son que se diera tregua. La fiebre devoraba su extenuado organismo. Vencida por el cansancio y consumida por la inanición, se recostó a la vera del camino, mientras su hijita iba hasta el pequeño YCUA SARA, en procura de agua. Al volver la niña, la madre ya había muerto, al lado del camino en un lecho de hojas secas, en la picada que hoy lleva su nombre.
El tierno cuerpecito de carne tibia que la había acompañado, siguió palpitando por espacio de varias horas sobre el pecho inanimado de la muerta.
A sus vagidos las fieras, como tocadas de ternura, acudieron con sus cachorros a brindarle compañía. Pero el vástago postrer del infortunio, no podría seguir viviendo, y muerto ya también, los carnívoros rondaban en torno a los despojos, celosos y rugientes, sin que intentaran devorarlos.
La naturaleza, como asociándose al duelo, soltaba las notas de sus cascadas cristalinas, en un coro sollozante. Extraño velatorio de dos cuerpos yacentes en la soledad aterradora del desierto bosque.
Posteriormente, manos piadosas echaron sobre los cadáveres algunos puñados de tierra y clavaron en su cabecera el símbolo de la cristiandad.
La santa cruz de pobre madero se ve al costado del camino, y cada transeúnte que pasa por allí, arranca un fragmento para llevarlo como reliquia inseparable sobre el pecho.
Allí esta CURUZU ISABEL. Isabel Sanabria, otra concepcena desposada con la inmortalidad. Algún día, en ese lugar habrá de levantarse el monumento a la MUJER DE LA RESIDENTA.
Don Benigno Villa llevó magistralmente al teatro, en CURUZU ISABEL, este pedazo de la historia concepcena.