viernes, 13 de agosto de 2010

Historia de DON RUFINO OTAÑO

Era un hombre muy acaudalado en su juventud, nacido en Concepción, hijo de don Francisco Otaño, hermano éste de don Juan Bernardo Otaño, ambos uruguayos que migraron hacía Concepción. Siendo adolescente, su padre lo envió a Londres para estudiar en un colegio Aristocrático, donde ingresaban solamente gentes de alta alcurnia.

Cuando él volvió de Europa se casó con Felicita Navarro con quién tuvo un solo hijo legítimo llamado Pastor Otaño Navarro, a quién lo conozco bastante, pues fue mi compañero en la Facultad De Medicina de Asunción y luego de recibirse fue a radicarse en el Brasil, donde hasta hoy vive en la ciudad de Campinas, gozando d mucho prestigio como médico. Rufino tuvo otro hijo varón y una hija mujer natural.

Este Sr. Rufino heredó una grandiosa estancia de su padre, que de a poco fue liquidando hasta quedar en total indigencia, sorprendiéndole la muerte en un asilo de la Capital. Era de personalidad muy rara y extravagante, contándose que cuando salía d rodeo le ataba y encerraba en una pieza a su señora esposa; no se podría decir que fuera por celo desmedido, sino más bien por su excentricidad demencial que caracterizó durante toda su vida.

En su juventud él y su hermana Rosenda Otaño, ofrecían en su mansión distinguidas tertulias a la alta sociedad concepcionera. Todas las mañanas y por las tardecitas asomaba a su balcón y era clásico que a sus viandantes les llamara entablando largas e interesantes conversaciones sobre todo cuando se trataba de estudiantes.

Una de su clásica expresión que quedo grabada en nuestra memoria era cuando en ocasión de una huelga desatada por estudiantes en el Colegio Nacional, con violentos encuentros con la policía, dijo a un grupo que pasaba por ahí: “díganme muchachos, vengan vamos a hablar y cuénteme ¿quién desató el desoche?

A veces amanecía de mal talante y desde su balcón lanzaba a gritos denuesto y ofensas a quienes pasaban y no eran de su simpatía y especialmente contra los Delegados de Gobierno y del Intendente Municipal don Guillermo Ruotti, saliendo a veces en la calle con un revólver, pro nunca hizo un disparo; pensamos que por el hecho de que no tendría proyectiles ni dinero para comprarlos.

En una ocasión en que tenía atada y llaveada a su señora, un fiel personal de la estancia, la liberó y ésta con su hijo en brazos emprendió la fuga hacia el Puerto, coincidiendo con una llegada oportuna de uno de los buques de la carrera y de esta forma llegó a Asunción, no volviendo más nunca. Su hijo, muy amigo en la facultad, me decía que para el su padre no existe, es como si estuviera muerto, que no lo conoce ni quiere conocerle por los maltratos que le dio a su madre cuando él era apenas un bebé.

Don Rufino había vendido su estancia y paso encerrado el resto de sus días en su mansión de la calle Mcal. Estigarribia y Montevideo (hoy Cerro Corá) comiendo de a poco su fortuna, hasta terminarse, llegando finalmente a comer de un plato que un vecino le pasaba diariamente, no aceptando con un orgullo increíble, ningún otro convite, sea de quién fuere.

Nunca pago impuestos ni alumbrado, por lo que muy pronto quedó sin energía eléctrica y al final por tantos impuestos encima, la mansión quedó en manos de Hernán Vargas Peña, que arreglando de alguna forma, quedó en manos de la Municipalidad, la que, tengo entendido, algo pagó a sus hijos y como ya era insoportable su comportamiento las autoridades lo enviaron compulsivamente a un Asilo de Ancianos de la Capital, donde falleció.

Otro aspecto es el hecho de que muchas personas venían a visitarle desde la Capital, pro todo era por interés de adquirir, tal como lo hiciera varios judíos, la obra de arte y muebles d estilo que poseía. Recuerdo del Gral. José Martínez Pérez, quién le compró un hermoso piano y bellos arabescos. Hasta yo le compré algunas estampillas antiguas que me interesaban para mi colección filatélica.

BOMBARDEO AÉREO A CONCEPCIÓN

Blas Echague relata que mientras s realizaba un Acto Cívico Patriótico en la Plaza “Agustín Fernando de Pinedo”, con motivo del aniversario patrio, el 14 de mayo de 1947, sobrevolaban la ciudad aviones Gubernistas y lanzaban sus bombas sobre la ciudad indefensa.

Una cayó en el patio del Sr. Note Centurión Espínola, al costado de la División de Infantería, matando solamente a 50 gallinas y otra cayó , a eso de las 3 de la tarde, dentro del patio de la División, a escasos metros d un aljibe, estando muy cerca un prisionero, a quién Echague le gritó:”¡Soldado Candía, entre bajo techo que están bombardeando!, cuando en eso estalló la bomba y una esquirla le atravesó el pecho, matándolo instantáneamente, aunque se lo trasladaba urgentemente en una camioneta hacia el Hospital y a los 100 mts.(según el autor del libro que ya persiguió al vehículo como curioso) recién dejo de existir.

Un poco alejado del lugar donde cayó la bomba, estaba el Escritorio del Sr. Wilfrido (Willys) Bonzi y acababa de despedir a una señora con su hija, una niñita, a quien la madre la hizo sentar en el suelo a su lado y gracias a ello no le alcanzó las esquirlas. En cambio Willy Bonzi, al salir del Despacho estalló la bomba y una pequeña esquirla dio de refilón a la altura del cuello izquierdo, pero felizmente sin consecuencia alguna...

(Extraido del libro "Pinceladas y vivencias del 47" del Dr. Pedro Ruso.)

domingo, 1 de agosto de 2010

LA LEYENDA DEL “PURUTUÉ-KA´I”


En toda la zona norte vive la rara leyenda del “Purutué- Ka´i” que al decir del Prof. Pedro Antonio Alvarenga Caballero, “Extraño personaje es el llamado Purutué Ka´i un mote ubicuo inasible, diríamos; jugando al escondite entre el claroscuro de las leyendas tropicales y la historia resguardada con hierática seriedad por los volúmenes de archivo; sin olvidarse de penetrar en el coto vedado a extraños de los tradicionales familiares “ El polvo del viento norte sigue barriendo las ruinas del “Purutué- Ka´i, un enigma no todo descifrado, del que aún hablan las madres viejas de las ciudades norteñas”

Paso Urundey y Lemó, centro de esas versiones:

Versión del Prof. Pedro Antonio Alvarenga Caballero

“Purutué” es la guaranisación del gentilicio portugués. Hasta hoy-1980- conversando con los agricultores hacen relación cuando las azadas u otros instrumentos de labranzas rozan con algún objeto o metal, hacen mención al tesoro de “Purutué – Ka´i”. También llaman “gallo purutué”, a los de mayor tamaño, así como “tacuare´e purutué” a las cañas más gruesas.

“En cuanto al nombre de “KA´I”, dicen muchos, provine de la semejanza de aquel personaje con este simio, pues tenía buena dosis de sangre negra descendente del hombre de color y de cabeza muy pequeña. A este respecto afirma Alvarenga Caballero, “sin embargo, conocemos un frondoso núcleo de familias que tienen a honra descender del célebre “Purutué – Ka´i” dándose el caso de no existir entre ellos ningún individuo con rasgos insinuados siquiera hacía la raza “camita”, en ninguna de las generaciones; es más, ni siquiera hemos conocido morenos entre ellos”. Según esta gente y mucha en el Norte, que a estar por los documentos, el mote de referencia designaba a JOSE ANTONIO GARCÍA, portugués o brasileño, radicado en el norte en el siglo XVIII en donde amaso considerablemente fortuna actuando en la proveeduría de los Fuertes del Apa, “claro que por su origen nunca llegó a gozar de la total confianza de los concepcioneros, y a pesar de firmar el acta de reconocimiento de la Junta Superior Gubernativa de 1811”. Poco tiempo después se descubrió su complicidad en las tratativas de los portugueses y Velazco por lo cual fue juzgado y sentenciado”.

Otra versión, sindica a ANTONIO TEXEIRA como el “Purutué- Ka´i”. A este respecto y como habíamos afirmado anteriormente el concepcionero don Benigno Villa menciona que en la era independiente, el portugués Antonio Teixeira hombre de inmensa fortuna tenía instalada su población y estancia en Requejo y parte de Paso Urundey y Lemó, afirmando que la familia Teixeira era muy reputada social y económicamente.

En otra con respaldo de la tradición y aporta datos para seguir el trabajo de investigación.

Noticias biográficas de Fernando de Pinedo y Valdivieso


“A pesar del empeño puesto en la tarea, no hemos dado con su origen. En los libros consultados, así como en los documentos que hemos examinados, no constan estos datos. Sabemos de él, a partir de su nombramiento como Gobernador del Paraguay.

“El fundador de nuestra ciudad se llamaba AGUSTÍN FERNANDO DE PINEDO Y VALDIVIESO y no de Pinedo a secas como hasta hoy conocíamos. Así figura su nombre en los libros de TOMA Y RAZÓN, DESPACHOS, EMPLEOS, etc. que obra en el Archivo General de la Nación Argentina, correspondiente desde 1740 a 1821. Creo de ser el primero en aportar este dato, por demás, novedoso para nosotros lo que me llena de intima satisfacción.

“De Pinedo fue Oficial del ejército español. Cuando s produjo su nombramiento prestaba servicio en la guarnición, con asiento en Buenos Aires con el grado de Sargento Mayor.

“En 1779 fu promovido al grado de Brigadier de Infantería y el 12 de junio de 1780, al de Coronel. Estos ascensos se produjeron cuando De Pinedo presidia la Real Audiencia de Charcas.

“Cómo y cuándo vino a Buenos Aires escapan por hoy a mis investigaciones. Tengo sin embargo, noticias que, en un archivo particular de Asunción existían documentos que arrojan a plena luz sobre el origen de De Pinedo.

Su venida a Paraguay

“El Coronel De Pinedo, fue designado Gobernador del Paraguay, por Real Titulo del 4 de agosto de 1771 fechada en San Ildefonso (España) no llegando a tomar posesión del cargo, sino un año después, el 24 de agosto de 1772.

“De Pinedo entraba a remplazar en el gobierno del Paraguay, al Teniente Coronel Don Carlos Morphi, quién por orden del mismo Rey de España se retiro a “continuar su mérito en el ejército”. El mandato de De Pinedo no tenía límites como no establecía expresamente en otros títulos. Gobernó hasta que el Rey creyó oportuno premiarle con un ascenso, enviándole como Presidente de la Audiencia de Charcas. Con fecha 8 de enero de 1772, se tomó razón en el Libro de la Real Contaduría de Buenos Aires a cargo de Joseph Francisco de Sostoa. El Título de De Pinedo establecía que, antes de trasladarse al Paraguay a tomar posesión del cargo, el gobernador de Buenos Aires tomárase juramento de él.

El cumplimiento de esta disposición, el 23 de abril de 1772, el entonces Gobernador y Capitán General del Río de la Plata, Juan José de Vertiz y Salcedo, tomó juramento del Gobernador De Pinedo, ante el escribano Público del Gobierno José Gensano.

Casi a mediado de 1772, el Coronel De Pinedo se embarcó rumbo a Asunción, con el fin de hacerse cargo de la Gobernación del Paraguay.

El barco le condujo al puerto de Asunción el 23 de agosto y esos mismos días el “Ilustre Cabildo de Justicia y Regimiento”, con asistencia del Gobernador cesante don Carlos Morphi a objeto de poner en posesión del cargo a De Pinedo.

Siendo escoltado por una numerosa tropa de infantería, que le rindió los honores del caso.

Una vez en la sala de acuerdo del Cabildo, se realizó la ceremonia, previo al juramento de estilo, entregando “don Carlos Morphi la insignia y el bastón, gobierno, señal de posesión y tenencia de este gobierno, que recibió, (De Pinedo) en día claro con sol como a las diez de la mañana y le dio el asiento que le correspondía.

Con esta ceremonia, De Pinedo quedaba en posesión del gobierno de la Provincia la cuál gobernaría por espacio de seis años, con mucho acierto y ejemplar talento.

Su obra de gobernante

Dice a este respecto, Juan Samaniego: “Su acto de Gobierno dejó senda memorable, siendo muy recordado su INFORME AL REY, sobre la miseria reinante y “los medios que a su juicio conducirían a la solución del mal”

Ideó un plan de salvación accesible y adecuada, cual es el dominio y el control de las costas del Rio Paraguay y la defensa contra los portugueses e indios, formaban parte de su programa fundamental.

“A este efecto, fundó varios pueblos: al sur Villa Franca y Pilar; en el interior Hyaty, Quyquyó, San Lorenzo dl Campo Grande y Paraguarí.

“Su labor entraba n potencia, la brújula de precisión orientaba su punto cardinal al norte del país que despertaba su curiosidad y despertaba sus ansias en nuevas fundaciones. Sometió su proyecto de Cabildo y obtuvo el permiso necesario el 27 de abril de 1773 de “fundar una villa no más distante de 80 leguas al norte en lugar de mucha utilidad para la agricultura y ganadería.

“Durante su último año de mandato el comercio y la agricultura alcanzaron considerable progreso y la provincia pudo así experimentar ciertos alivios.

“Falta mucho más estudiar, aprender y hacer en su honor, porque su vida resumió un espíritu de abnegación y abrazó con energía su causa de redención, pues poseía una actitud clarividente que anidaba mucho optimismo.

Por eso su bella personalidad merece ser estudiada con criterio amplio y cabal con toda justicia ha dicho de él Juan Bernardo Otaño que “fue de aquellos talentos claros, despejados y felices que penetran el futuro y ven más allá de los que alcanzan a ver los hombres comunes.

Su traslado y muerte en Bolivia

Siguiendo a Bernardo Otaño (h) “De Pinedo gobernó el Paraguay durante seis años, con ejemplar talento, siendo uno d los gobernantes más eficaces, que para su adelanto, tuvo toda esta vasta provincia.

Todos los autores coinciden en decir que el Coronel De Pinedo, no tenía mucho estudio.

Desde Irala a él, dice Félix de Azara, no ha habido otro gobernador de luces tan claras, ni que estuviese tan bien impuestos de los verdaderos intereses de la Provincia, juntando a este valor y atrevimiento para poner en práctica las ideas más sabias contra la opinión general de las juzgaban temerarias.

El premió su buna conducta y “actuación” con un ascenso enviándolo como Presidente de la Real Audiencia de Charcas, “En este cargo actuó por espacio de dos años realizando un labor intensa y provechosa para los intereses de España y de las Provincias que caigan bajo su jurisdicción.

“Le sorprendió la muerte en el ejercicio de sus funciones a las dos o tres de la tarde, del 2 de julio de 1780. El cuerpo del extinto fue amortajado con el hábito de San Francisco y expuesto a la exhibición del público que le rindió honores.