domingo, 22 de diciembre de 2013

CAPITÁN DR. PEDRO J. CARLÉS

Esta señera figura, una verdadera gloria nacional, merece un capítulo aparte, por lo que me permito relatar algunas anécdotas en su breve pasaje por Concepción y que la vivimos con varios compañeros de juventud. 

Fue en los primeros días del mes de agosto de 1947, cuando estaban entrando las fuerzas gubernistas al mando del Cap. Manuel W. Chávez y el Cap. Pedro J. Carlés deambulaba por nuestras calles con el verde olivo, con el grado asimilado de Tte. 1ro. del cuadro de combatientes del ejército gubernista.

Fue en esos días de agosto en que apareció deambulando por nuestras calles un personaje, hablando y gritando todo tipo de ocurrencias, impresionando estar en avanzado estado de etilismo y que en realidad se trataba de un "Delirium Tremens", secuela del alcoholismo y en una de esas mañanas iba este señor gritando por la principal calle "Presidente Franco" en dirección al puerto, a quien le observábamos sin saber de quién se trataba. Al llegar a la altura del "Hotel Francés" vemos que el Cap. Chávez se apea de su moto y con bofetadas y patadas lo tira al suelo. 

Esto causó indignación en todos los que observaban el espectáculo y ahí recién nos enteramos que se trataba del Dr. Pedro J. Carlés, ese gran poeta oriundo de San Lorenzo. Al día siguiente nos encontrábamos reunidos con los amigos Juan B. Villa Cabañas (Lote), un gran pianista ya desaparecido y su hermano Helios Villa Cabañas en su domicilio y hablando del caso con su padre, el intelectual escritor concepcionero don Benigno Villa Quevedo, ya nombrado Delegado de Gobierno a poco de ingresar a nuestra ciudad con las tropas gubernistas quien nos relató que Pedro Carlés era uno de los autores de la conocida guarania "Noches del Paraguay" y que le había plagiado el famoso Samuel Aguayo y que en todas las grabaciones figuraba como letra y música de este gran plagiador y que la música pertenecía a un gran músico concepcionero llamado Belisario Medina. 

Según contaba don Benigno, un músico correntino llamado don Enrique Gayoso, muy amigo de Belisario Medina, a quien acompañó muchos años, le había regalado 70 pentagramas de su creación y éste, en un bar de Corrientes, entre trago y trago vendió a Aguayo las 70 obras por unos 70 pesos argentinos.

Sabemos, por relato de familiares que luego de la guerra del Chaco, don Belisario seguía componiendo músicas y entre éstas se encuentran las más hermosas guaranias conocidas que se llaman "Oroite", "3 de Mayo" y muchas otras famosas que figuran todas a nombre de Aguayo y que nunca quiso registrarlas y que al parecer solamente una música la registró en el Ministerio de Educación.

Belisario Medina falleció en 1939 y la menor de sus hijas tenía entonces 9 años, por lo que no puede aportar mayormente datos de su padre. Pero su esposa doña Josefa Alborno de Medina y su hermano el Cap. de Navío (P.A.N.) Juan José Alborno, ambos ya fallecidos, han dejado muchos testimonios. Según doña Josefa, a pesar de su insistencia nunca dejó partituras de todas sus obras y tampoco quería registrarlas. Belisario, de su espontánea inspiración o a pedido de alguien, en pocas horas ya tenía la música para las letras que se le presentaba. 

Era un musicólogo, tal vez no de la talla completa en musicología de su hermano César Medina, a quien se le dedica otro capítulo, pero cuenta el Cap. Alborno que durante la Guerra del Chaco, Belisario formó con 40 músicos la Primera Orquesta Sinfónica del Paraguay y recorrió escenarios de Concepción, Asunción y otras ciudades dando conciertos a beneficio de los combatientes. Era su costumbre, cuando pocas horas antes de los conciertos, escribía la música de alguna poesía y en pleno teatro era clásico en él anunciar al público que se estrenaba de inmediato la polca tal o la guarania tal, que le pertenece a.... (miraba a sus cuarenta músicos y apuntando decía: A Enrique Gayoso, a fulano de tal o a mengano y nunca se refirió a su autoría).

Cuenta el Cap. Alborno que en Pto. Casado le presentaron una poesía en guaraní para que le ponga la música y en una hora estuvo hecha la composición. Era nada más y nada menos: que "NOCHES DEL PARAGUAY", pero con otro título en guaraní. Mucho tiempo después, según Benigno Villa y corroborado ante mis amigos por el mismo Carlés, él se inspiró en esa música y le puso la letra en castellano que es tal como se la conoce hoy.

Según Benigno Villa y la misma doña Josefa, como así también lo atestiguan los hijos mayores, todos ellos le insistían a Belisario para que le querelle a Samuel Aguayo por haberle robado la casi totalidad de sus creaciones, pero su espíritu bondadoso y su deseo de no entrar en disputa con nadie, decía que no y que no y que sigan nomás las cosas tal como están hechas. El hijo mayor de Belisario, el Lic. Rubens Medina Alborno está radicado, desde que dejó su Concepción natal, en Washington, donde se desempeña como jefe de la Biblioteca latinoamericana del Congreso de los EE.UU. y muy conocedor de la historia de su padre, estoy esperando un relato verídico para insertarlo en esta obra como valiosa colaboración. Ya van tres años que estoy insistiendo y lamentablemente hasta hoy no tengo respuesta.

Con respecto a esta guarania tan conocida no sólo en el Paraguay, sino también en el mundo entero, paso a relatar el testimonio de Pedro J. Carlés en aquellos días en que estaba terminando la Revolución y que ya en parte relaté más arriba. En nuestro grupo de estudiantes habían seis pianistas de muy buena formación musical y en la casa de uno de ellos: Carlos Manuel (Muby) Paradeda Quevedo(+) en el edificio italianizante de la famosa Ferretería Paradeda (de Jerónimo Paradeda y luego de su hijo Manuel Paradeda (don Lilito de grata memoria) sobre la calle Presidente Franco), nos reuníamos todos los días para el tereré y para escuchar las interpretaciones de los pianistas y fue así que, una vez conocida la identidad de Pedro J. Carlés, lo vimos acercarse por la vereda de la Mansión Irigoyen y decidimos entrar en la sala donde Carlos Manuel comenzó a ejecutar "Noches del Paraguay". 

Al escuchar Carlés, frenó su marcha cansina, cruzó la calzada y ya en el portal pidió permiso para entrar y nos espetó: ¿Uds. saben lo que están interpretando en el piano?. Entraba suspirando profundamente. Sí, le respondió Carlos Manuel, se trata de "Noches del Paraguay". Dirigiéndose nuevamente a los presentes dijo: Perdonen amigos que les relate la historia de esta música, la letra es mía. Yo viajaba en un trasatlántico con destino a Holanda para culminar mis estudios de Bioquímica y donde recibí el título de Doctor. Por la noche, luego de la cena, salí a dar un paseo por cubierta y lo único que podía contemplar era un cielo negro cuajado de estrellas y una hermosa luna llena, que me hizo poner la mano sobre el corazón, henchido de inspiración, pensando que esa luna hermosa me hacía recordar y añorar las noches del Paraguay, pero que en realidad no me parecía más hermosa que las del Paraguay y así nació los versos de esa hermosa canción que cruzó todas las fronteras del mundo.



Fuente: Tomado de VIVENCIAS Y CALAMIDADES DE LA REVOLUCIÓN DEL 47
Autor: Dr. PEDRO D. RUSO SKURICH

Cleofe Centurión: Un héroe norteño

A pesar de tener 102 años, Cleofe Centurión tiene vivas en su memoria las anécdotas de sus días de lucha en la Guerra del Chaco y hoy las cuenta desde su natal Concepción. En su relato insiste en que el agua era uno de los tesoros más preciados por los soldados paraguayos.
Cleofe Centurión nació en Concepción, 470 km al norte de Asunción. En sus calles creció e hizo sus primeros amigos. Cuando tuvo la edad requerida, fue a cumplir con el servicio militar obligatorio en la capital del primer departamento, como cualquier joven respetuoso de las costumbres y luego volvió a su casa, con el objetivo de trabajar, casarse y formar una familia. Pero cuando cumplió 21 años, se desató la guerra entre nuestro país y Bolivia. El joven, sin dudar, se presentó al frente de batalla.

En ese momento, su hermano Telmo estaba como conscripto en Concepción y también fue a la guerra. Cleofe fue con la ilusión de encontrarlo y defender juntos al país. Sin embargo, las cosas no eran como esperaba y se reencontraron recién tres años y nueve días después.

De las varias anécdotas que vivó en la línea de combate, don Cleofe −quien llegó a ascender a cabo segundo− hizo énfasis en que el agua era muy preciada por los combatientes. A pesar de que se les hacía llegar, nunca era suficiente porque el calor era intenso en el árido Chaco y conseguirla se hacía cada vez más difícil. Los comandantes enviaban a los soldados a traer agua acumulada en pequeños tajamares ubicados en las cercanías de sus campamentos.

En uno de los días en que estaban en la línea de combate pasaron dos soldados que traían el líquido vital en recipientes, desde una zona cercana donde había una aguada. Uno de sus camaradas estaba con mucha sed y ya casi lánguido, por lo que don Cleofe les alteó y les dijo que dieran un poco de agua a su compañero. Estos se negaron a hacerlo porque debían llevar la carga a otro sitio; entonces, Cleofe le dijo a uno de ellos que diera a su compañero el agua o de lo contrario él les dispararía, el soldado no tuvo opción y les dejó casi medio litro, todo un lujo para el momento. Pero nuestro héroe aclaró que “no lo iba a matar, solo lo hice en forma intimidatoria, porque no podía dejar que mi compañero muera de sed”.

Son varias las anécdotas que se sucedieron durante los años que duró la contienda. “La comida no faltaba”, indicó. También rememoró que cuando encontraban huellas de animales y en estas se juntaban agua, la bebían con bombilla; asimismo, cuando pasaban por una zona donde había agua, sus compañeros que ya tenían mucha sed mojaban un pedazo de tela y la ponían sobre su estómago.

Herido

Durante la contienda contra Bolivia, Cleofe fue herido en el muslo izquierdo en un asalto a un campamento boliviano en Aliguatá. Al quedar herido, sus superiores ordenaron que lo llevaran al Hospital de Isla Po’i, en el que recibió atención médica. Posteriormente, llegó en tren a Puerto Casado y desde ese lugar en una embarcación llegó al puerto de Concepción, donde estuvo un mes y después fue trasladado a Asunción, donde finalmente fue operado, rememoró.

Indicó que luego de recuperarse fue derivado al cuartel instalado en Concepción, donde luego de una discusión con un teniente fue enviado de vuelta al Chaco. Como en su foja figuraba que fue herido, lo quisieron dejar como camillero en el hospital montado en Puerto Casado, pero se negó a hacerlo y nuevamente fue designado para defender a la patria en el campo de batalla, por más de un año.

En 2007, don Cleofe recibió la condecoración “Cruz del Defensor”, otorgada por el Ministerio de Defensa Nacional y en 2011 fue reconocido por autoridades locales como “Héroe concepcionero de la Guerra del Chaco”. Tiene 10 hijos, 47 nietos, 66 bisnietos y un tataranieto. Quedó viudo en 1974 y no se volvió a casar.

Ganas de vivir

Don Cleofe Ramón Centurión Laguardia recordó con sorprendente lucidez que nació en la compañía Laguna Cristo Rey, distrito de Concepción, el 9 de abril de 1911 y desde muy joven trabajó en las estancias de la zona. Desde hace algunos años tiene problemas de audición, se moviliza ayudado por un bastón y perdió la visión de uno de sus ojos. Sus familiares mencionaron que duerme entre las 19:00 y 19:30 y se despierta a las 05:30, todos los días. Además, destacaron su lucidez y ganas de viajar. Para mantenerse, la dieta de don Cleofe se basa en carne, huevo, leche, miel de abeja y jugo natural.


Fuente: abc.com.py

domingo, 17 de noviembre de 2013

Puerto Casado: Pescadores quemados por el sol, la vida en el río

Todo comenzó con una Ruta Quetzal inolvidable que marcó a todos sus participantes. Paraguay fue el país que marcó en especial a dos de ellos.

Puerto Casado
Pescadores en Puerto Casado

En la margen derecha del río Paraguay, antes de llegar a Corumba, en pleno Pantanal brasileño, existe uno de los mayores latifundios de toda sudamérica donde hay una vieja fábrica de tanino, un producto que se empleaba para curtir la piel.
Hoy la materia prima que se extraía del Quebracho, un árbol abundante en las 6.500.000 de hectáreas, ya no la demanda el mercado y la fábrica está paralizada. La población tiene una densidad de 0,4 personas por kilómetro cuadrado y desde allí partieron los menonitas para internarse y colonizar el Chaco central.

El Chaco, el río Paraguay y la nave Bahía Negra

El Río Paraguay está entre los 40 rios más grandes del mundo, con una longitud de 2.625 kilómetros. Nace en Brasil y después de discurrir brevemente por Bolivia cruza Paraguay. Divide a la nación en dos regiones ecológicamente distintas. Al oeste se encuentra el Gran Chaco, considerada el área de bosque seco más grande de América del Sur y la extensión forestal más grande del continente, después del Amazonas.
Hacia el otro lado, el Bosque Atlántico del Alto Paraná es uno de los bosques más diversos y amenazados del mundo. El barco Bahía Negra es una nave que se fabricó en unos astilleros bilbaínos en el año 1964 y estaba aún activo como un buque de pasajeros fluvial en Diciembre de 1997. En Abril del 2003 se encontraba parcialmente desmantelado en Asunción.

Original centro comercial

Al fondo, dando la espalda a una estampa a la que ya deben estar acostumbrados, dos barcos construídos en un astillero bilbaíno, a miles de kilómetros de allí. Un poco más cerca de una de las orillas del Río Paraguay hay una frágil embarcación, en donde una niña espera a que su padre vuelva. Está comprando una garrafa del carísimo gas importado de Argentina. Atracado a un puerto natural, hoy está el barco que semanalmente abastece a la pequeña población ribereña de un sin fin de productos traídos desde la capital, Asunción.
Un joven lava en el río una garrafa en donde pedirá que le pongan un par de litros de alcohol para quemar. Un equilibrista carga con un pesado saco de harina de mandioca que servirá a los pobladores para hacer pan, dulces y fideos. En la frágil embarcación de madera, los lugareños pueden comprar productos tan dispares como leña, combustible, ropa, alimentos y hasta remedios para la salud. A cuantas grandes superficies les gustaría rentabilizar su espacio como lo hacen los dueños de estos pocos metros cuadrados flotantes. Toda una lección de economía.

Quemados por el sol

No pude reflejar en una foto el rostro del pescador. No quise molestarle, estaba tan concentrado con sus rudimentarios aparejos de pesca que no me atreví a llamarle. Aquel hombre estaba sentado, casi haciendo malabares, en la proa de su barquito de madera. Una materia prima, que antaño fue muy abundante, pero que ahora con la explotación de los bosques del país cada día son más escasos árboles como los cedros, los lapachos y los timbó con el que hacer todo tipo de manufacturas de madera. El en su frágil embarcación y yo, en un mastodonte de acero fabricado en Europa. O no llevaba mucho tiempo allí, o la pesca es escasa en ese tramo del río. 

Solo vi una piraña destripada que estaba utilizando como cebo. La caña era una sencilla rama de árbol, el sedal un pequeño cordón rojo. Su piel y su remera estaban quemadas por tanta horas de exposición al sol. En un momento dado, giró la cabeza hacía arriba y me quedé helado, sus ojos de un azul extraño me dejaron cegado, petrificado. No fui capaz de retener esa mirada, la última foto la disparé un par de segundos antes. Malditos carretes de película, aún no había llegado la fotografía digital. Espero que esos ojos no estén muy dañados por el reflejo del sol en el agua, ojalá que sigan viendo para que lo disfruten otros. ¡Yo tengo clavada esa mirada y será para siempre!.



La vida en el río

Mientras la señora se pasa y se gana la vida limpiando las vísceras de los animales que “carnean” en un matadero cercano, él se dedica a “platicar” para entretener a su compañera. En muchas partes del Paraguay casi siempre los roles suelen ser muy machistas. En las latitudes donde está Concepción (cerca del trópico de Capricornio) a la horas centrales del día, el cerebro no está para procesar muchos datos, la combinación de humedad y el calor hacen que el flujo sanguíneo que llega al cerebro sea más bien escaso.
Pobre animal (el carneado) pobre señora (por su trabajo) y pobre sintonizador de radio (el compañero). Solo faltaría que el simpatizara con el Olimpia, el Club de futbol más pudiente del país y ella con el Cerro porteño, el de la gente más humilde. ¡Para qué queremos más!

Difícil control

El río Paraguay está entre los ríos más grandes de América. Tiene una longitud total de 2.625 kilómetros y en buena parte de su recorrido es una frontera natural entre Bolivia/Brasil, Paraguay/Brasil y Argentina/Paraguay. Tan extensas y remotas en algunos puntos de su recorrido que son fácil blanco para el contrabando de todo tipo de mercancías, legales e ilegales, sobre todo en su frontera norte con Brasil.
Desde la explotación y contrabando de maderas nobles hasta los vuelos de pequeñas aeronaves que llegan cargadas de marihuana, producida en el país, o de la cocaína, que utilizan el despoblado Chaco para hacer escala con dirección a mercados más rentables económicamente.

Por la proa o por la popa

Para desprenderse de los desperdicios orgánicos que se originaba en las dos naves de la expedición, lo más sencillo era lanzarlos directamente al inmenso caudal del río Paraguay. La rica fauna que vive en sus aguas (230 especies de peces y 46 de anfibios) se encargará, en cuestión de minutos, de dar buena cuenta de lo que les llegue desde el exterior.
Ninguna de aquellas especies del ecosistema se atrevió a engullir al amigo de la foto. A Sancho González Green no hay boca (no humana) que se atreva a hincarle el diente. Y no por duro, sino por luchador.


Fuente: http://www.hechosdehoy.com/pescadores-en-puerto-casado-quemados-por-el-sol-la-vida-en-31686.htm

lunes, 12 de agosto de 2013

Policía herido por EPP: “Fuerza y sigan luchando”

Acostado en compañía de sus allegados, con la esperanza de que las secuelas que sufrió en un atentado con bomba del EPP ya desaparezcan, el suboficial Edgar Fariña está en el hospital de Policía.

Los ojos del policía se llenan de felicidad al ver que un equipo de periodistas ingresa a su habitación. Sus familiares nos abrieron las puertas del lugar, para que su hijo – postrado en cama – no sea olvidado. Fariña es una de las tantas víctimas del criminal grupo Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).

En la tarde del 21 de abril, mientras varias personas aún elegían al nuevo presidente de Paraguay. Varios policías se dirigieron presurosos a Kurusu de Hierro, Concepción, atendiendo a que la comisaría local era atacada por el EPP. Fariña se encontraba entre los intervinientes.

Terminado el operativo, un convoy de patrulleras policiales se desplazó por un oscuro camino de tierra. Al pasar un puente, alguien activó una bomba que dañó a uno de los rodados policiales; el suboficial Cirilo Díaz falleció y Fariña quedó muy mal herido.

Meses después, el suboficial se recupera satisfactoriamente, pero quedó con secuelas. Ya no puede valerse de si mismo en algunas cosas y solo se puede movilizar en silla de ruedas.
METAS

El suboficial Fariña, lejos de caer en la tristeza, le tiene mucha fe a su futuro. Sabe que ya no será policía pero eso no le corta la esperanza de progresar en la vida. Comenta que ni bien termine su tratamiento, estudiará administración.

“Mi sueño es estudiar otra vez después otra cosa, estoy pensando estudiar administración”, comentó.

Con una sonrisa, agradeció la constante compañía de sus papás, Irma Fernández y Ramón Fariña, así como de los hermanos. Su familia no dudó en dejar la compañía 25 de abril de Horqueta, para instalarse en el hospital de Policía y no dejar solo a Edgar.

Un capítulo aparte se lo merece su novia Cintia González (20), quien no dudó un instante en abandonar sus estudios, para prodigarse a su cuidado. “Después de salir de acá, si Dios quiere, nos vamos a casar”, expresó.

Sobre la fatídica noche de la explosión, manifestó que los policías del norte están entrenados para esperar lo peor.

“Estoy bien consciente de lo que pasó, porque estaba para eso allá; estoy muy orgulloso porque ese era mi trabajo, ese es el trabajo de nuestra policía”, manifestó.




Recordó que participó de un entrenamiento para estar en zonas peligrosas, lo cual le ayudó bastante para sobrellevar las secuelas del atentado. “Nosotros hicimos un curso, justamente para estar en esa zona y para luchar contra ellos, estábamos conscientes y con temor”, puntualizó.

Sus familiares destacaron la atención del hospital, pero la hermana Irma Fernández lamentó que los jefes policiales ya no visitan a Edgar. Creen que el tratamiento durará un año más y que el resultado será auspicioso. El suboficial tiene que ser sometido a una nueva cirugía.

Fariña estaba asignado al destacamento policial de Hugua Ñandu, pero el día del atentado estaba asignado como refuerzo de la comisaría de Arroyito. Tiene 23 años y es el tercero de seis hermanos.

Pese a su acto de heroísmo, el gobierno de Federico Franco no le brindó ningún tipo de reconocimiento por su labor. El policía sigue percibiendo su salario mensual.

La conversación con Edgar concluyó con un mensaje que el brindó a sus amigos y camaradas: “Mucha fuerza les doy y que luchen, que se cuiden, porque esta gente (EPP) es muy peligrosa y cobarde”, indicó.


Historia del suceso

El joven uniformado, uno de los mejores del Curso de Operaciones Rurales (COR), fue comisionado junto a su grupo como refuerzos en la comisaría 13ª de Arroyito, luego de que se interceptara un plan de ataque del EPP, que desafortunadamente se llevaría a cabo ese día.

Fariña y su grupo se desplazaron rápidamente desde su base hacia la zona de Kurusu de Hierro, inmediatamente después de que la comisaría 21ª fuera atacada a tiros, desde el frente y desde atrás de la unidad.

Este primer tiroteo dejó como saldo dos policías heridos, los suboficiales ayudantes Walterio González y Javier Machuca, aunque el EPP también sufrió una baja, la de Francisco Denis Almirón, un poblador de Kurusu de Hierro quien había iniciado la balacera desde una motocicleta en movimiento.

La explosión


Ya a últimas horas de la tarde, cuando las fuerzas especiales se disponían a replegarse, el suboficial Édgar Fariña subió a la carrocería de la patrullera Delta 1, asignada al jefe de Policía de Concepción, Crio. Princ. Antonio Gamarra.

El vehículo encabezó el convoy que iba a retornar a la ciudad de Concepción, aunque justamente por medidas de seguridad prefirieron regresar por Azotey y no por Horqueta. Sin embargo, casi inesperadamente, a solo ocho kilómetros de la comisaría de Kurusu de Hierro, recientemente atacada y en medio de la nada, se escuchó una fuerte explosión, que casi volcó la camioneta.

“Yo me iba sobre una madera, en la carrocería de la patrullera, y cuando escuché la detonación me caí sobre el oficial ayudante Alfredo Guerrero y el suboficial 2º Víctor Samuel Chávez, quienes estaban conmigo. A partir de entonces, solo escuché más detonaciones”, dijo ayer Fariña en su sala de internación del policlínico policial, al referirse al ataque a tiros que siguió al atentado con bomba contra el convoy policial.

Bombas y tiros

Los miembros del EPP, como esperando que los policías pasaran por Paso Tuyá, prepararon un dispositivo explosivo casero, activado a distancia por uno de los criminales, y luego también tres tiradores de la banda salieron del monte y rociaron a balazos la camioneta.

Pese a que los otros policías reaccionaron, en la cabina del móvil Delta 1, en el asiento trasero, detrás del acompañante, el suboficial 2º Cirilo Díaz Escobar (29) había quedado inmóvil y con una herida de metralla que le atravesó la cabeza y le produjo la muerte en el acto.

Los tres heridos, entre ellos Fariña, fueron derivados luego de la balacera a Santa Rosa del Aguaray y después traídos a Asunción.


En cama


De momento, luego de varias complejas intervenciones, el suboficial Édgar Fariña Fernández permanece postrado en cama, aunque dice no perder la esperanza de recuperarse y volver a la Policía. Sin embargo, también reconoce que fue un afortunado por sobrevivir.

Fuente: ABC