sábado, 21 de abril de 2018

Una anécdota de la historia

LA VENGANZA DE DON CAYO

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"¡Ha Quevedo tiempo...!" solían decir las gentes de esa generación al rememorar aquel no lejano periodo en que esos señores monopolizaban el comercio y controlaban todos los movimientos en la zona de Concepción. Para tener una idea de dicha época, habría que hacer un análisis ligero de la forma en que se vivía y de la costumbre del pueblo campesino. Sabido es que por esos años no existían aún los medios de transporte motorizado ni buenos caminos ni telégrafos; sin embargo, la vida se deslizaba más tranquila, había menos problemas y hasta parecía que se andaba más feliz.

Cuéntase que los señores Quevedo tenían en actividad más de quinientas carretas que llevaban y traían mercaderías de Concepción a la frontera. La casa importadora más fuerte, la estancia mejor organizada y mejor instalada, el ingenio de azúcar, las explotaciones de yerba y otras actividades más les pertenecían. Estos patrones y sus altos empleados viajaban sin cesar y no había valle en donde no tenían negocio y en donde no tenían clientes. Nuestras gentes sencillas les brindaban toda clase de atenciones y ellos las retribuían con creces.

Circulaba el dinero y el caso era ingeniarse para atraer a los ricos. Las posadas o casas de hospedaje eran lugares frecuentadas por troperos y allí hacían sus conquistas sentimentales y también sus derroches. Presas de ellos fueron muchas hijas buenas de posaderos y muchas lindas mozas del vecindario.

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Calle Ypané en 1898 (hoy Pdte. Franco)
Don Cayo, un paraguayo genuino, arrogante, siempre bien puesto, viajaba frecuentemente de su estancia a Concepción en compañía de su capanga Tiburcio, un morocho alto, fuerte, con una enorme cicatriz en la cara, seña particular adquirida en un bailongo improvisado. Tiburcio, el capanga inseparable, tenía fama de valiente y es por eso que se le tenía de guardaespaldas y se le proporcionó un 38 Colt con cabo de nácar, recién salido de fábrica. Don Cayo, a pesar de tener emblanquecido prematuramente sus cabellos y tener muchos hijos, gustaba de las fiestas. Su debilidad era el "Cielito Chopí" y se divertía enormemente haciendo el papel de "taguató". El "Solito" también le gustaba sobremanera pero más gozaban de él los espectadores. En sus continuos vaivenes asistía a cuantos bailes encontraba y muchas veces llegó a concentrar en sí la atención del público con sus travesuras. Su posada favorita fue la de Ña Vicenta, en Estribo de Plata, un vallecito alegre sobre el río Aquidabán. Ahí llegaba habitualmente por la tardecita a desensillar el caballo, cenar un buen plato de huevos fritos con mandioca y un cuarto de vino tinto; luego se sentaba a jugar al naipe, ya sea la escoba de quince o la biscambra, con la dueña de casa; pero más le hubiera gustado hacerlo con Susanita, la hija de Ña Vicenta, que por ese entonces disfrutaba de sus dieciséis floridos años. Era una simpática, risueña y vivaracha morena de cabellos encrespados, ojos muy negros y blanquísima dentadura; pero lo más atrayente de su persona estaba en el conjunto de sus curvas, que dejaban afiebrados de deseo a cuantos forasteros la miraban. Antes de continuar viaje, y después del mate, don Cayo chupaba otra media docena de huevos crudos y un cuarto de "guaripola". Un litro cargaba en su caramañola para irlo sorbiendo por el despoblado camino, al lado de Tiburcio, su confidente, su hombre de confianza.

- Esta Susana "aka chará" cada vez va siendo más cautivadora. ¿Te fijaste en ella? ¡Qué bien le queda ese moño de cinta azul! Y... ese cuerpo, ¡qué tentación! Quiero hacerle un obsequio.

- Pero patrón, usted que puede y tiene plata, ¿qué le falta? Ella es pobre y mucho le va á agradecer. Con plata se consigue todo.

Así, don Cayo iba alimentando una ilusión y aumentaba su optimismo para hacerse dueño de su cariño.

Una noche, aprovechando la ausencia de Ña Vicenta, sacó de su cinto doble un mil pesos pirirí y le pasó a Susanita.

- Tome -le dijo-, le obsequio para que invierta en lo que necesite.

- Por favor, don Cayo, es demasiado mucho. Yo no puedo aceptar. Contestó ella como si entendiera la intención del viejo consentido.

- Guárdese le digo, que yo se lo doy y... ya sabe por qué.

- Voy a recibir para guardarlo, don Cayo.

Después de esta introducción, continuó frecuentando la posada y prolongaba el juego de la escoba hasta altas horas de la noche. Para que el juego no decayera se aperitaba moderadamente. En fin, en algo sé salvaba el importe del kerosén del alumbrado. Don Cayo preteridla siempre que la señora Vicenta se fuera a la cama y así él continuaría el juego con la muchacha.

Una mañana, cuando ya estaba por partir, se presentó la oportunidad de conversar con la codiciada hija de doña Vicenta.

- Mira, Susanita. Quiero que me complazca en una cosa. Yo le voy a corresponder, pero no quiero que nadie sepa, ni su mamá. Si me demuestra su voluntad, ya sabe que le voy a dar cosas lindas.

Como si recibiera un insulto, Susana contestó en tono enérgico y sobre sus mismas palabras.

- No esperaba de usted, don Cayo, esta proposición. Yo le considero todo un señor y le respeto. De ninguna manera voy a aceptarle lo que me acaba de proponer. En cualquier cosa le puedo servir, pero para complacerle con mi persona no puedo. Continuare así. Muchas gracias por sus ofrecimientos. Y sonrió despectivamente.

Quedó derrotado así don Cayo en su primer intentó, no pudiendo ni siquiera continuar la súplica amorosa. Montó sobre su caballo y le llamó a Tiburcio, que le estaba esperando bajo un naranjo.

- Y bueno, torohó mba'é - dijo retirándose de la casa.

Durante el largo viaje no pronunció ni una palabra; de vez en cuando tomaba un sorbo de su guarigola y continuaba entregado a su recogimiento. Tiburcio marchaba un poco adelantado, para abrirle los portones.

Varios meses pasaron. Don Cayo seguía lunático. No le agradaba nada ya y maltrataba hasta a los personales más acreditados. El rechazo que recibió lo hirió en lo más hondo. No salía de su cabeza el recuerdo del último pasaje con la Susana. ¡Como esa mujer canalla le puede contestar "de ninguna manera" a él, que es todo un patrón? ¿Acaso él no puede ser digno de su amor? ¿Que se ha creído esa mujer tonta? No. Esto no puede quedar así. La venganza más cruel tiene que venir y ella habrá de sufrir y sentir lo que le ha hecho. ¿Qué hacer para que ella se arrepienta, para que le duela en el alma?

- ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay! -repetía a menudo. Esa mujer me tiene que pagar caro.

Seis meses después, en una tarde calurosa, fue llegando don Cayo a su vieja posada.

- Tanto tiempo para volver por estos lados, -le dijo luego del saludo Ña Vicenta. ¿Qué habrá sabido de nosotros, por eso no llega más? Por aquí le recordamos siempre y sabemos que Ud. anda viajando por otro camino.

- Así es Ña Vicenta -contestó sin dar más explicaciones.

Cenó su plato preferido con su acostumbrado un cuarto de vino, pero no armó el juego. Alegó cansancio y se acostó temprano. Susana, muy amable, le atendía como de costumbre. Por la mañana le cebó el mate y le sirvió el desayuno. Demoró para salir. Hizo llenar un vaso grande de guaripola y empezó a tomar. El deseo de venganza ardía dentro de su pecho y quería ver aplastada a esa desconsiderada mujer, qué como siempre, estaba alegre y tentadora.

Ña Vicenta se ausentó por un momento y quedó don Cayo tomando su aperitivo. Su caballo ya estaba ensillado. Luego de ingerir dos vasos, pareció tomar ánimo y se decidió a hablar.

- Susana -llamó-, ¿quiere venir un momento?

- Enseguida, don Cayo, ya voy. Y de inmediato se presentó. ¿Recuerda aquel mil pesos que le dejé para que me guardara?

- Sí, don Cayo, lo tengo y está a su disposición.

- Bueno entonces, voy a retirarlo.

- Susana desapareció unos minutos y volvió entregándole el billete tal como había recibido de don Cayo en aquella ocasión: bien planchado y pirirí.

Don Cayo, guardándolo, montó su caballo y se despidió diciendo:

- Anga katu ja ahaitéma.

- Anichene don Cayo, siempre roha'arota.

Poco tiempo después recibió don Cayo una invitación especial de Ña Vicenta para asistir al acto de matrimonio de su única hija, con el capataz de los señores Quevedo.

- Ahora voy a vengarme -dijo. Ni yo ni mis personales van a ocupar esa fiesta. Susana me querrá ver y, quién sabe sí no me quiere decir algo; querrá seguramente con mi presencia dar categoría a la celebración de su boda, pero está muy equivocada. No participaré... y que sufra.

Fuente: ECOS DE CONCEPCIÓN - RELATOS Y CHISMENTOS

PEDRO DOMINGO RUSO SKURICH


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Reconocido médico cirujano,escritor e Historiador de la ciudad de Concepción.

Nació en Concepción del Paraguay el 8 de noviembre de 1931.- Casado con Cándida Maldonado Boselli. Falleció el 20 de Marzo de 2016 en Concepción.
Su padre fué Pedro Ruso Ruso, nacido en Dubrovnik (Croacia) en setiembre del año 1900 y emigró a Concepción del Paraguay en el año 1926.-
Su madre, Ana Skurich Caput de Ruso, nacida en Subrovnik (Croacia) en 1910 y emigró a Concepción del Paraguay en 1928.-
Fueron sus hermanas María Ana Ruso de Pedrozo con cuatro hijos y Lucía Benita Ruso de Meilicke, con cinco hijos.
Son sus hijos María Oliva Ruso de Medina y José Raúl Pedrozo Ruso. Hijos políticos Dr. Pedro Medina Carballo y Roseany De Pontes de Pedrozo.
Sus nietos: Pedro José Medina Ruso, Ana Margarita Medina Ruso y Patricia María Oliva Medina Ruso.

LOS ESTUDIOS PRIMARIOS los realizó en Escuelas privadas y Normal Pdte. Franco de Concepción.-
ESTUDIOS SECUNDARIOS: Colegio de "San José" de Asunción y "Colegio de Enseñanza Secundaria y Normal" de Concepción.-
ESTUDIOS UNIVERSITARIOS: Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Asunción (1950-55) egresando con el título de Dr. en Medicina y Cirugía.-

ACTIVIDADES PROFESIONALES: Residente del Servicio de Cirugía de la 2da. Cátedra de Clínica Quirúrgica del Hospital de Clínicas de Asunción. Residente del Servicio de Anestesiología del mismo Hospital. Jefe de Servicio de Cirugía, Traumatología y Urología del Centro de Salud y del Sanatorio I.P.S. de Concepción. Director del Centro de Salud Regional de Concepción. Médico Forense de la Circunscripción Judicial de Concepción.-

BECAS DE PERFECCIONAMIENTO: del Gobierno de República de Francia en los Servicios de Urología (11 meses) del Hospital "Necker de Paris" y del "Hospital LA TIMONE DE MARSELLA" (6 meses).-

MÉRITOS PERSONALES:

Cónsul Honorario de Francia en Concepción.-


Plaqueta de Oro "Reconocimiento a la labor Cooperativista" y por ser el primer Creador de la Agencia de COOMECIPAR en el Interior.-


Fundador del "Museo Histórico Municipal" y del "Museo al Aire Libre" de Concepción con motivo del 200° Aniversario de Concepción (31-V-73),

Presidente y Secretario del "Club Concepción" durante 26 años y Socio Vitalicio del mismo.-

Presidente del "Club de Leones" de Concepción (1979-80).-

Presidente Honorario de la Sociedad Bolivariana de Concepción.-

Jubilado por el Ministerio de Salud Pública y Bienestar Social y por el Instituto de Previsión Social.-

Profesor y Funcionario del "Centro Regional de Educación Juan E. O'Leary" durante 37 años.-

Ejercicio de la Medicina durante 49 años a 2004 con más de 5.000 intervenciones quirúrgicas realizadas.-

CONDECORACIONES:

En el grado de "Caballero en la Orden de las Palmas Académicas" del Ministerio de Educación de Francia.-

"Cruz de Oficial de la Orden Nacional del Mérito" del Gobierno del Presidente de Francia Mr. Jacques Chirac.-

"Medalla de Oro" MEDICO DEL INTERIOR 1988.-

Plaqueta "Melvin Jones" del Leonismo Internacional por la lucha contra la ceguera, iniciada en enero de 1996 con 126 operaciones de Cataratas dentro del Programa "Concepción vuelve a ver".-

Plaquetas y diplomas Varios del Club de Leones de Concepción por servicios a la Comunidad.-

LIBROS PUBLICADOS:



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"Mons. Emilio Sosa Gaona" - Primer Obispo de Concepción.-

"Mons. Aníbal Maricevich Fleitas" – Segundo Obispo de Concepción.-

"Concepción: Pinceladas y Vivencias del 47".-

PROMOTOR Y FUNDADOR DEL "Hogar de Ancianos Mons. Emilio Sosa Gaona" (con fondos de la SAS (Secretaria de Acción Social de la Presidencia de la República) y contrapartida del 100% de Concepción.

Fuente: “CONCEPCIÓN: PINCELADAS Y VIVENCIAS DEL 47”, © Pedro Domingo Ruso Skurick. Tapa: CARLOS COLOMBINO. Concepción-Paraguay 2005

miércoles, 18 de octubre de 2017

CAPITÁN JOSÉ VENANCIO GONZÁLEZ

En el diario "La Opinión" del 20 de abril de 1990 apareció un artículo recordando su actuación durante la Revolución de 1947 y decía así:

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Dice Alfredo Seiferheld: "Es muchas veces doloroso para la propia historia traer al recuerdo un pasado de violencia y de miseria... pero sin embargo, menos justo sería para con la misma verdad histórica ignorar u ocultar testimonios que puedan contribuir a despejar interrogantes sobre algunos episodios, para que nunca más los paraguayos volvamos a cometer los errores del pasado", y por ello escribió las memorias del Capitán (después Mayor) José Venancio González sobre la revolución del 47. 

Este militar fue un héroe de la guerra del Chaco y fue distinguido con las dos mayores condecoraciones y con su espíritu guerrero, tampoco titubeó para defender en el 47 a su Partido Colorado y hasta que, ya durante la dictadura de la post revolución dio su vida en un episodio sangriento no esclarecido hasta hoy. 

El 20 de abril de 1949, el Guión Rojo de J. Natalicio González ataca la caballería, la que estaba comandada por el Tte. Cnel. Enrique Giménez. El grupo del Guión Rojo estaba comandado, por el Cap. José Venancio González y al ser repelidos por la caballería de Giménez, muere descuartizado éste y se lo entierra a la vera del Arroyo Itay, según manifestación de algunos escritores, pero muchos aspectos del hecho siguen en la incógnita y hay relatos como el de su hija la poetisa Hedy González Frutos, quien entonces era muy niña. 

Alguna vez tendrá que aclararse este horrendo episodio entre hermanos colorados: los llamados Democráticos de Federico Chávez y los llamados "Guión Rojo" de J. Natalicio González y muchas otras asonadas en tan turbulento corto período en que se sucedieron siete presidentes (Higinio Morínigo, Juan Manuel Frutos, Federico Chávez, Gral. Raimundo Rolón, Dr. Felipe Molas López, Tomás Romero Pereira y Gral. Alfredo Stroessner) y cuya rara investigación corresponde a otros historiadores que alguna vez aclararán. 

Estando al frente del R.C. N° 6, aquel 31 de julio de 1947 y ya llegando en su avance hasta la picada de "Curuzú Isabel", a unos 10 kms. de Concepción, recibe con asombro la orden de detenerse y regresar a su punto de partida, un lugar llamado "Bolicho Torres".

Se enteró por algunos prisioneros y vecinos que las fuerzas rebeldes se desprendieron de Concepción, pero confirma lo que aseveró en otro capítulo, que no sabían hacia dónde fueron.

Efectivamente, ese primero de agosto los rebeldes forzaron "Caída" y siguieron al sur. Los leales estaban aislados, sin medios de transporte, y no tenían otra alternativa que seguir a pie y solamente un grupo logró seguir en una embarcación que no pudieron reparar los rebeldes y que luego de varios días el Contra Almirante Ramón E. Martino logró ponerla en marcha. Sobre esa lucha y el final de la Revolución el 19 y 20 de agosto ya es historia conocida a través de publicaciones periodísticas diversas y libros varios, aunque los pormenores del fracaso de los rebeldes y el triunfo de los leales tiene aún sus interrogantes.

El trayecto a pie y a caballo del escuadrón del Mayor José V. González, éste lo describe con lujo de detalles y fue una odisea digna de la pluma de un historiador, guerrero militar, por lo que aquí no me limitaré a transcribirlo en su totalidad. Pero sí vale la pena anotar que este escuadrón bajo el mando del Cuerpo de Zapadores del Cap. Clavell encontró en la zona de "Villa del Rosario" a un grupo de niñas de San Pedro que fueron traídas como prisioneras y por supuesto, el jolgorio fue indescriptible al ser liberadas. 

Esto demuestra que en una contienda no hay frentes buenos, generosos, respetuosos ni condescendientes con el prójimo. En ambos bandos salta el espíritu maléfico que lo traemos incrustados en el alma a partir de Adán y Eva y describe el Cap. González que muchos de sus soldados eran oriundos de Rosario y ansiosos fueron a sus lares, y encontraron muchos de ellos verdaderos desquicios dejados por los rebeldes.

Habla de la nobleza del soldado, que su odio y deseo de venganza es dominado por el deber, pero mi apreciación es que en el fragor de la lucha es difícil que se imponga la razón. Tanto el vencido como el vencedor no tienen corazón y la historia demuestra que las generaciones futuras deben nutrirse de estos bestiales ejemplos para imponer una conducta, un "¡¡¡BASTA, YA NUNCA MÁS!!!".

CÉSAR MEDINA VELÁZQUEZ


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Datos biográficos:

 CÉSAR 
MEDINA: Compositor y Bandoneonista. Nació en Concepción el 4 de junio de 1912.

Estudió música en su ciudad natal, primero con su hermano Pedro Belizario Medina, luego con Carlos Ramírez (Pecho’i) y más tarde con Emilio Bigi (armonía) y Otakar Platil (contrapunto); perfeccionándose en Buenos Aires, Argentina entre 1950 y 1953.

Tuvo como maestro de composición a Juan Carlos Moreno González. Durante la Guerra del Chaco (1932-1935) perteneció al Elenco Nanawa, conjunto musical del III Cuerpo de Ejército, con el que participó de giras musicales con fines benéficos por las principales ciudades del país. Formó parte, desde 1940, de la primera gran orquesta paraguaya, Iris, y luego de los conjuntos folklóricos San Solano y Perurimá.

Fue presidente de la Asociación de Músicos del Paraguay, y durante 16 años, desde 1966, profesor de armonía del Conservatorio Municipal de Música, dirigiendo al mismo tiempo el Conjunto Folklórico Municipal de Asunción.

Sus principales composiciones son las canciones: CANTAR LEJANO, RESEDA POTY, SAN SOLANO, CHE MORENAMÍME, HA CHE RETÄ PARAGUAY, LEJANA ILUSIÓN, QUIÉN SABE, CANTO A ENCARNACIÓN, VÍRGEN MORENA, YVOTY ÑU, NANAWA DE GLORIA, FELÍZ MARIPOSA, A MI REINA ELEGIDA, ANHELO, HORAS DE ENSUEÑO, SAN PEDRO DEL PARANÁ, MUJERCITA, MITÄ KUÑAMI, MARÍA CRISTINA, MARCHA AL BANCO CENTRAL y otras.

Es autor de una MISA FOLKLÓRICA PARAGUAYA.

Falleció en Asunción el 1 de junio de1988.

Fuente: DICCIONARIO DE LA MÚSICA EN EL PARAGUAY por LUIS SZARAN. Edición de la Jesuitenmission Nürnberg, Alemania 2007. 507 páginas. Edición digital: www.luisszaran.org.

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César Medina (derecha) y su
primer maestro Carlos Ramírez
 
CÉSAR MEDINA VELÁZQUEZ 
 
El bandoneón logró amplia difusión entre los conjuntos musicales de nuestro país a partir del auge del tango. Grandes exponentes del bandoneón en nuestro país fueron: Emilio Biggi, Luis Cañete, Herminio Giménez, quien llegó incluso a tocar junto a "Pichuco" Troilo, y César Medina, pedagogo, compositor de música paraguaya, gran estudioso, sereno autodidacta y contemporáneo de los más grandes creadores de nuestro folclore. Perteneció a la generación caracterizada por una enorme sensibilidad musical, con una profunda vivencia rural y una sólida formación académica con maestros europeos afincados en Asunción.

-. CÉSAR BONIFACIO MEDINA VELÁZQUEZ nació en Concepción el 4 de junio de 1912. Fueron sus progenitores Froilán Medina y Eduvigis Velázquez, también concepcioneros. Uno de los más talentosos de la música paraguaya, Carlos "Pecho'í" Ramírez, fue su primer maestro, en 1930, en su ciudad natal. Luego estudió con el maestro Juan Escobar y con su hermano, diez años mayor que él, violinista y compositor Pedro Belisario Medina. Pedro era básicamente autodidacta, pese a haber estudiado violín con Remberto Giménez, y marcó cierta influencia en la formación musical de su hermano César.

En los tiempos en que César integraba el Tercer Cuerpo del Ejército, estalló la Guerra del Chaco, y acudió al llamado de la patria. Durante aquella contienda, César compuso la primera música para el poema "13 Tuyutí", de Emiliano R. Fernández, un tema épico que relata en forma emotiva aquella gloriosa batalla del 20 al 24 de enero de 1933, donde la 5a división de Infantería al mando del Cnel. Irrazábal causó una aplastante derrota al invasor. Con un documento ante escribano público se certificó la autoría de César Medina, precediendo en el tiempo a la difundida versión de Ramón Vargas Colmán. Además, César y su hermano Pedro integraban, en bandoneón y violín respectivamente, el famoso elenco "Nanawa", con una decena de soldados-músicos que actuaban no sólo en el Chaco, sino en todo el país.

-. En 1938, perfeccionó sus conocimientos musicales con el profesor Emilio Biggi, completando el estudio de armonía clásica. En 1940, César Medina se incorporó a una de las más famosas orquestas típicas de aquel entonces, "Iris", que tenía entre sus integrantes a Ramón Vera, bandoneonista y director, Miguel Molina y Gerónimo Cataldo, en bandoneón; Adolfo Vallejos, en contrabajo; Tito Benítez y Reinaldo Miracca, 1er y 2° violinista respectivamente; y el argentino Walter, en el piano. César Medina brilló por su formación amplia y sólida, como también por su delicada interpretación del bandoneón. Actuaron así en fiestas de la sociedad asuncena de la época, además de recordados programas radiales en vivo, como en ZP 3 Radio Teleco.

-. Entre los años 1943 y 1948, realizó cursos de especialización en armonía tradicional, contrapunto, instrumentación y orquestación, en Asunción, con el checo Otakar Platil, quien era Doctor en Música, graduado de la Universidad de Praga.

-. En el período 1946-1948, fue presidente de la Asociación de Músicos del Paraguay, fue además socio fundador de Autores Paraguayos Asociados, ocupando posteriormente el cargo de miembro en el directorio, de 1951 a 1956.

-. Por aquellos primeros años de la década del '50, Luis Alberto del Paraná le encargó la dirección musical de sus conciertos en Asunción. En la famosa Orquesta San Solano, le cupo ser uno de los más destacados integrantes y creadores, grabando con ella sus más importantes obras. Era director Juan Villalba, aunque en la realidad dirigía César Medina junto a su primo Aniceto Vera Ibarrola, o a veces el mismo Epifanio Méndez Fleitas. Sin embargo, por motivos políticos, no pudo continuar con sus presentaciones y César sufrió persecuciones, llegando inclusive a caer preso en el Departamento de Investigaciones de la Policía, en 1959. Se le cerraron así las oportunidades laborales y pasó apremios económicos, por el simple hecho de tener una relación artística con Epifanio Méndez Fleitas.

-. Tiempo después se integró al popular Conjunto Folclórico Perú Rimá, bajo la dirección del maestro Mauricio Cardozo Ocampo, siendo un destacado valor y sobresaliendo como fino intérprete del bandoneón, hasta que después de un tiempo se retiró y lo suplantó Rodolfo Roa.

-. El conocido cantante José Magno Soler, en 1959 grabó como solista su primer disco, un 45 rpm, acompañado por el Conjunto de César Medina; el disco incluyó 4 temas con música de Medina: "Canto a Encarnación" y "Caminito Verde" con letra de Mario Halley Mora; "Lejana Ilusión", con letras de Miguel A. Rodríguez; "Yvoty Ñu", con letra de César Medina y música en coautoría con Aniceto Vera Ibarrola.

-. Por los años 1964 y 1965 siguió buscando optimizar sus aptitudes musicales, cursando estudios de armonía moderna y música dodecafónica en el Conservatorio de Cultura Musical. De 1966 a 1968 efectuó estudios de contrapunto y armonía superior con el profesor Juan Carlos Moreno González, obteniendo el título de Profesor de Teoría y Solfeo y paralelamente, el de Profesor de Armonía, en la Escuela Musical "Beethoven" del Conservatorio Municipal de Música.

-. En 1971 fue socio fundador de la Sociedad Paraguaya de Educación Musical, en tanto que en 1974 recibió de la Municipalidad de Asunción un homenaje, que le otorgó un Diploma de Honor en reconocimiento a la labor desarrollada a favor de la cultura musical paraguaya. Ya anteriormente, en 1972, fue nombrado director del Conjunto Folclórico Municipal, trabajando incansablemente aún ante las mayores adversidades, pues en este cargo sobrellevó, en los últimos años, una dolorosa enfermedad hasta su muerte en 1988.

-. Supo ganarse el respeto y la más alta consideración de todas aquellas personas que lo conocieron. Era un hombre de pocas palabras, severo e inflexible, pero con una arista noble y bondadosa, siempre dispuesto a orientar y ayudar a sus alumnos, en especial a aquellos que demostraban real interés en la música. Transmitió a sus discípulos su preparación en el arte musical y su disciplina en la vida. Su alto nivel de formación musical hacían que marcara siempre la diferencia.

-. Con la profesora Carmen Almirón, en el Conservatorio Municipal y en la Escuela de Bellas Artes, presentaron la "Misa Folclórica Paraguaya", de la autoría de César Medina. En 1980, fue presentada en el Centro Cultural Paraguayo Americano esta hermosa obra compuesta por 7 partes, todas en tiempo de guarania.

-. César Medina recibió además varios premios y reconocimientos, entre los que se cuentan: Diploma de Honor del Departamento de Enseñanza Superior del Ministerio de Educación y Cultura, en reconocimiento a la labor desplegada a favor de la cultura musical paraguaya, en el año 1953; Diploma otorgado por APA, como propulsor de la música paraguaya en el extranjero, en 1963; fue delegado de Paraguay ante la 5ª Reunión Interamericana sobre Derechos de Autor, en marzo de 1968; Diploma de Honor otorgado por APA, en reconocimiento a la labor desarrollada dentro del arte folclórico nacional, en 1975.

-. César Medina fue autor de numerosas y bellas composiciones como: "San Solano", "Reseda Poty", "San Pedro del Paraná", "Nanawa de Gloria", "Virgen Morena", "¡Ha! Che Retã Paraguay", "Aikosénte", "Feliz Mariposa", "Fiesta del Amor", "Mitakuñami", "A Villa San Pedro", "Concepción Poty", entre otras muy difundidas. Varias de sus creaciones son en coautoría con renombrados artistas paraguayos, como Epifanio Méndez Fleitas, Mario Halley Mora, Teodoro Salvador Mongelós, Mario B. Ortega, Gumersindo Ayala Aquino, Ernesto Báez, entre otros.

-. Contrajo su primer matrimonio en 1931 con Concepción Boselli Ovando, de esa unión nacieron: Nidia, María Virginia y Antonio, destacado compositor y músico, que trascendió las fronteras de nuestro país con sus creaciones para festivales, como el de Viña del Mar y OTI de la Canción. El 26 de junio de 1943, César Medina quedó viudo, contrayendo matrimonio ya en los inicios de la década del '50, con Gerarda Escurra, con quien también tuvo varios descendientes.

-. Con su inseparable bandoneón, llevó nuestra música nativa a los campamentos de guerra en el Chaco, cuando nuestras tropas necesitaban aplacar el espíritu. Se destacó por transitar todas las variantes del arte musical, siendo compositor, arreglador, director de orquesta e instrumentista.

-. Tras una larga y dolorosa enfermedad, cáncer, falleció en Asunción el 1 de junio de 1988, tres días antes de cumplir 76 años de edad.

Fuente: CREADORES DEL ALMA GUARANÍ – HISTORIAS DE LOS GRANDES COMPOSITORES Y POETAS NACIONALES. Por IVANÍ AMAMBAY y DANIEL TORALES. Con el apoyo del FONDEC. Editorial Servilibro, Asunción-Paraguay 2005 (225 páginas).